Los buenos modales

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Por | 14 marzo, 2020 |
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Los  momentos actuales que se viven en el mundo por el estré constante motivado por las diferentes carencias materiales y espirituales que existen no es razón para dejar de decir “Buenos días”, “buenas tardes”, “buenas noches”, “por favor”, “gracias”, “permiso”.

Los buenos modales comienzan desde temprana edad, cuando enseñamos a los niños el valor de decir esas palabras mágicas que van más allá de un simple acto de cortesía para que en un futuro se conviertan en ciudadanos que respeten, que sean amables, disciplinados, bien educados, sin tener la necesidad de dañar a nadie en ninguna de sus actuaciones.

 Una de las virtudes mejor valorada es la amabilidad. Una persona puede ser educada, respetuosa, bondadosa, estar bien vestida… pero si además es amable, entonces es hermosa.

El escritor Alfred Capus, nos indica de forma perfecta qué es la amabilidad: ” Una persona amable es aquella que escucha con una sonrisa lo que ya sabe, de labios de alguien que no lo sabe”.

Por su parte el filósofo, político, orador y escritor romano Séneca conocido por sus obras de carácter moral indicaba: “Dondequiera que haya un ser humano, hay una oportunidad para la bondad.”

Hay que ser cordiales con todos, no solo con las personas que conocemos, sino con los que nos encontramos a diario en la calle, en la guagua, en un comercio, en cualquier sitio sin importar el color, la edad o el sexo. Esto abre puertas, suma culturas y ayuda a una convivencia mejor, así ganamos todos.

No hay mejor modo de enriquecerse que practicando el respeto con gentileza porque quien es amable, es por encima de todo afín ante las necesidades ajenas y le permite  actuar con respeto, con esa bondad que no reclama nada a cambio.

Hace pocos días en uno de esos recorridos habituales  escuche una señora decir…”quien siempre tiene una sonrisa en los labios es una persona sana de corazón… Y agregó,  porque hay otros, que solo les falta morder.

Para muchas personas, quienes tienen un buen trato son  catalogados como groseros cuando de cumplir con las normas de enseñanza se trata.

Esos son los que NO cuentan en la lista de conservar los valores que debemos preservar para bien de la humanidad.

La sonrisa, otra manera de sentirnos y hacer sentir bien a los demás tiene un efecto multiplicador en cualquier tipo de actividad que desarrollemos. Pedir algo por favor, y acompañarlo de ella, produce un efecto de satisfacción real en la otra persona. Esta actitud positiva nos beneficia en nuestras relaciones con los demás. Es la sonrisa, luz de nuestro rostro, la que genera aptitudes verdaderas y la que nos lustra el camino para llegar a los demás.

Entonces yo me pregunto: ¿por qué es tan difícil ser educado?  Si cuando lo eres se reducen las tensiones del cuerpo lo que trae aparejado beneficios física y emocionalmente.

Ser amable con los demás es ser cariñoso. Nada cuesta saludar a la persona que limpia en cualquier sitio, agradecer al gastronómico que te atendió, al médico, recoger el papel del piso y depositarlo en el cesto de la basura, ayudar a cruzar la calle a un anciano, a un minusválido, a aquel que le falta la visión.

Cuando se instruye con respeto, también se está educando con amor y eso es lo que necesitamos para convertirnos en adultos amables, capaces de ayudar a otros.

Decir las palabras mágicas crea un mundo maravilloso de raíces profundas y fuertes que se impregnan para siempre en el cerebro de cada persona, porque tratar a los demás con respeto es respetarse a uno mismo.

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