Los encantos de Lina

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Por Roberto Mesa Matos | 24 abril, 2019 |
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FOTO/ Roberto Mesa Matos.

Manzanillo. – Si algo tiene la manzanillera Lina Ramírez Venedicto a flor de piel es siempre una sonrisa, gesto que contagia porque va aderezado a la candidez y la bondad de una mujer que hace del trabajo razón cotidiana para crecer.

“La risa es la sal de la vida, periodista, y ante los problemas hay que anteponer el júbilo, las ganas de seguir adelante”, me comenta a manera de presentación en la sala del hogar: el apartamento A-2, del edificio 49 del Reparto Camilo Cienfuegos.

Los compases finales de mil 989 marcaron el acercamiento a un escenario desconocido, pero muy pronto la sedujo y ella dominó con la ternura de la pasión y la fortaleza de la entrega permanente.

Las imponentes áreas de procesamiento de la empresa pesquera industrial de Granma (Epigram) se abrieron a ella, y con destreza y precisión muy pronto ubicó el desempeño entre los más destacados.

“No fui fácil. Lo primero que hice fue eviscerar pescado, después pasé al proceso del camarón y por último me dieron la posibilidad de ser clasificadora de ese crustáceo y de esponja, aunque trabajamos cualquier especie.

“Es complejo, pero recibí el apoyo y la experiencia de mis compañeros. Lo complejo es el camarón marino porque son nueve tallas y hay que desarrollar buena precisión.”

Vista de águila…

Sonríe y comenta: “Más o menos. Poco a poco te acostumbras y dejan de incomodarte la espalda, las piernas, aunque no debes “pasarte” y relajarte.

“Disfruto mucho ver el camarón, sacarlo por tamaños, las muestras de las tallas, más que desconchar ostiones, más difícil. Hacemos entre 300 y 400 kilogramos diarios.”

Los días de Lina comienzan invariablemente antes de las cinco de la mañana, cuando adelanta los quehaceres hogareños al esposo Andrés.

“Mis hijos y él saben que forman parte de mis encantos, en los que el trabajo tiene un peso decisivo porque Epigram es mi primera casa. Entro frecuentemente antes de las siete de la mañana y sin horario de salida, más cuando hay productos que debemos procesar el mismo día porque si no pierde eficiencia la labor.

“La productividad la determina la entrega con la que seas capaz de asumir lo que haces, el amor que le imprimas, la disciplina y la responsabilidad colectiva.

“Somos muy unidos, tenemos espacio para las bromas, las sonrisas, pero cuando hay que trabajar, es eso y punto hasta ocho o nueve horas.”

La certeza lleva el contundente ejemplo de una mujer que por 23 años ha sido vanguardia nacional, milita en el Partido, deja espacio para los eventos de creación y las tareas sindicales, por las que ha merecido también múltiples distinciones de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

“Eloína Zambrano es nuestro paradigma de dedicación. A ella le debemos la disciplina y la responsabilidad en cada tarea. Nos mostró la experiencia y su guía fertiliza hoy cada meta.”

“Voy a donde me digan, a cualquier hora. Muchos dicen, no le preguntes a Lina de trabajo, pero es que eso es lo que me encanta y disfruto, y el colectivo lo siente así”, asegura y dice que el apoyo de la familia es imprescindible por las muchas horas de entrega laboral.

Cuando en unas jornadas se desarrollen las actividades por el Primero de Mayo, la manzanillera Lina Ramírez Venedicto recibirá en La Habana, la Orden Lázaro Peña, de tercer grado.

“No he hecho nada extraordinario, solo dedicarme con amor a lo que tanto me gusta. Serán instantes inolvidables que compartiré con muchos compañeros.

“Continuaré porque la salud y los deseos están de mi lado”, y vuelve a sonreír, con la natural gracia de la fortaleza que lleva en sí esta mujer.

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