Los hijos que la muerte le robó a Bayamo

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Por Yelandi Milanés Guardia | 23 octubre, 2017 |
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Cuartel Carlos Manuel de Céspedes, recinto de crímenes y torturas

En el segundo semestre de 1957, mientras en la Sierra Maestra se consolidaba el Ejército Rebelde, en la ciudad de Bayamo actuaban grupos de acción y sabotaje, principalmente los de Orlando Lara, Vicente Quesada y Gilberto López.

Estos grupos desarrollaban sus actividades con la condición, orientada por la dirección del M-26-7 encabezada por Cristóbal Guilarte, de no realizar acciones violentas de gran magnitud, las cuales podrían atraer despliegues de fuerzas militares.

En un encuentro de Lara con el Che este le escribe un mensaje a los compañeros Walter, Gilberto, Víctor y Frank.

Una vez que leyeron la nota del guerrillero heroico, los destinatarios llegaron a la conclusión de que se les llamaba a ejecutar planes en la ciudad, donde se habían ido asentando algunos asesinos, como Roberto Ríos Sarmiento, conocido por Campeón, Albérico Torres, Arturo Cárdenas Muro y algunos tigres de Masferrer.

A la vez que crecía el movimiento conspirativo aumentaba la represión de los uniformados batistianos.

Un ejemplo de lo anteriormente dicho lo brinda el testimonio de Rubén Castillo Ramos: “Los maltratos físicos llovían sobre los presos. El ensañamiento del capitán Pedro Morejón, jefe de la Guardia Rural, y sus hienas fue mayor contra Gilberto López Bosch, quien llegó a Bayamo herido en una pierna a raíz del frustrado asalto al Palacio Presidencial y al que, sin dudas, habían  logrado identificar por una delación.

“Todas las noches lo sacaban y le daban “un paseo” y cuando volvían a internarlo en la celda del cuartel iba más destrozado: fractura de un brazo, la clavícula y algunas costillas”.

No pudiendo soportar más aquella agonía, Gilberto López envió a sus hombres, en Mabay, un mensaje escrito en una caja de cigarros: “Maten a Campeón”. La noticia corrió como reguero de pólvora por los centros clandestinos de Bayamo.

Según testimonio de William Ayala Quesada la dirección del Movimiento en Bayamo decide efectuar los atentados a los sicarios del régimen. Para los mismos se escogieron algunos integrantes del grupo de La Aguada, más cuatro de la célula de Pompita, en total diez combatientes armados.

El día 18 de octubre un fallido atentado contra el tigre de Masferrer Francisco Gómez (Paco) puso en alarma al enemigo.

Desde la detención de Gilberto López la situación estaba tensa en Bayamo. El enemigo sabía de las actividades de Orlando Lara y sus muchachos, que entraban arriesgadamente a la ciudad. En esos días se preparaban acciones contra varios asesinos y abusadores del pueblo, pero algunos fallaron.

El 20 de octubre Mardonio Hechavarría, conocido por Noni, recibió la orden de hacer un atentado en la casa de una villaclareña, recién instalada en Bayamo, donde se reunían guardias de la peor calaña.

Junto a Conrado Domínguez, Pelao, salió a cumplir la arriesgada misión. Pero cuando estaban cerca, fueron tiroteados por los famosos Mantequitas: los hermanos Carlos, Nene y Chiquitín Fuentes. Se sucedió un intercambio de disparos, impidiendo el atentado.

En la tarde del 20 fueron ajusticiados en un bar el esbirro conocido como Campeón y el sargento Manuel Pompa. Entonces se desató la persecución a la cual el pueblo bayamés interpuso la cooperación.

La respuesta de la tiranía no se hizo esperar en las formas más crueles y espantosas. Primero pusieron la ciudad a oscuras y después plagaron las calles de militares, asesinos y chivatos.

Llenaron el espacio con el estampido de los fusiles como si estuvieran librando una batalla campal. Entraron en las casas para llevarse a los revolucionarios y cobardemente darles muerte. La noche del 20 y la madrugada del 21 fueron tremendamente horrorosas. Al día siguiente se conocería el resultado de sus macabras acciones.

Gilberto López Bosch, Mardonio Hechavarría Remón, Luis Felipe Lotty Osorio, Vicente Quesada O´Conor, Idalberto Tamayo Maceo, Pedro Batista Fonseca, Rubén Nogueras Castillo y Mario Enrique Alarcón Martínez fueron las víctimas de la furia desenfrenada de los uniformados.

Personas buenas, ejemplares, laboriosas murieron asesinadas y ello vistió de luto a los bayameses, a quienes se les dificultó darles honrada sepultura a sus muertos.

El 21 de octubre de 1959 al cumplirse dos años de la noche sangrienta, el pueblo bayamés homenajeó a las víctimas con una misa en la histórica Plaza del Himno. Luego realizaron una masiva peregrinación hasta el cementerio donde reposan sus cuerpos masacrados.

Sobre las tumbas depositaron flores frescas y juraron impedir la ocurrencia de hechos tan lamentables como los del 21 de octubre de 1957.

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