Los lazos de Maceo con Granma

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Por Aldo Daniel Naranjo y Osviel Castro Medel | 7 diciembre, 2020 |
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FOTO/www.radiomambi.icrt.cu

Antonio Maceo Grajales (14 de junio de 1845-7 de diciembre de 1896) es referencia en el actual territorio de Granma por su extraordinaria victoria de Peralejo (13 de julio de 1896). En ese paraje derrotó nada más y nada menos que al general español Arsenio Martínez Campos.

Sin embargo, hay otras acciones menos amplificadas que vinculan al Titán de Bronce con esta tierra. Así, por ejemplo, entre el 8 y el 11 de enero de 1869 y bajo las órdenes de Donato Mármol, el entonces capitán combatió en el Saladillo  y la Caridad contra  las fuerzas del Conde de Valmaseda, que intentaban ocupar Bayamo.

“Maceo –escribió su biógrafo José Luciano Franco –se batió furiosamente, defendiendo el terreno palmo a palmo el terreno. La unidad que mandaba fue una de las pocas  que conservaron la disciplina  (,,,) pero demasiado débil para impedir a las de Valmaseda seguir su objetivo, hubo de limitarse a hostilizar  a la retaguardia. En la retirada (…) alcanzó a ver los resplandores del incendio de Bayamo.”

De este modo, como premio a su valiente actuación  por la defensa en la Ciudad Mártir, es ascendido, el 16 de febrero, al grado de comandante.

En 1873, volvió a batallar en nuestro territorio. En los primeros días de junio de ese año  operó en la zona de Sabana de Pigüela (hoy Piñuela, Buey Arriba). Así, los días 4, 5 y 6 Maceo desempeña un protagónico papel  en la batalla de El Zarzal; Céspedes, que lo a visto batirse  como un león, lo nombra, dos días más tarde, brigadier.

Ya con este grado interviene en las acciones de El Purial. Luego, el día 13, se hace cargo de la Segunda División Oriental del Primer Cuerpo de Ejército (que dirige Calixto García) y regresa a las proximidades de Guantánamo, zona que, hasta esa fecha, había sido su principal teatro de operaciones.

En noviembre de 1873, por órdenes de Calixto García, dirigió  una de las cuatro columnas  que participaron  en los infructuosos ataques  a Manzanillo. En estas acciones consiguió penetrar en la Plaza de Armas, pero tuvo  que retirarse  pues el resto de las tropas cubanas no lograron entrar  a la fortificada ciudad costera.

Al regresar de Manzanillo las huestes de Maceo se separaron del grueso de las fuerzas mambisas y, rumbo a Guisa, atacaron con éxito una columna española en el lugar conocido como Hoya de Pipa.

Después de mantenerse un tiempo en la línea Holguín-Guantánamo, en junio y julio de 1877, estableció un campamento en San Agustín del Cauto, desde donde intentó buscar la unidad entre las fuerzas independentistas. Más tarde, a finales del 77 y principios del 78, recorrió las zonas aledañas a este lugar para tratar de aliviar las hondas heridas causadas por el Pacto del Zanjón.

Precisamente, a este territorio situado en la margen derecha del río Cauto, retornó Maceo en junio de 1895 y, acampado en Paso de la Yaya, dictó las disposiciones  de la Campaña de Oriente y le dio nuevos bríos al reaparecido periódico El Cubano Libre, al que el propio Antonio calificara como “artillería de la Revolución”.

En julio de ese mismo año, en las proximidades de Valenzuela, los generales Antonio Maceo y Bartolomé Masó se entrevistaron para organizar  las futuras acciones de guerra y sentar las bases legales del gobierno revolucionario.

El 13 de julio, el Hombre de la Protesta de Baraguá prueba sus grandes dotes de táctico militar cuando protagonizó la violeta batalla de Peralejo. Después de esta épica victoria  Maceo salió rumbo a la comarca de Holguín.

En octubre de 1895 el bravo jefe oriental hizo sus últimas escalas  por tierras granmenses en Vegas de Pestán y Tranquera, (en el presente, territorios  del municipio de Cauto Cristo)

En el campamento de Vegas de Pestán desarrolló una intensa actividad. Es aquí donde redactó varias cartas a Bartolomé Masó  para el pronto envío de refuerzos que participarían en la invasión a Occidente. También en este sitio dejó establecida la estructura militar de Oriente y donde, casualmente, se produciría el último encuentro con su querido hermano José.

En Tranquera designó a diplomáticos que representarían  a Cuba en varios países de América y, además, trazó la política del cobro de impuestos de guerra.

Así partió hacia Occidente comandando la columna invasora y no regresó más a estas tierras. En la actual provincia de Granma Antonio Maceo Grajales dejó de su constante presencia, una mágica tempestad que hizo más histórico e ilustre este pedazo de tierra.

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