Los motivos del 26 de Julio

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Por Yelandi Milanés Guardia | 26 julio, 2018 |
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Antiguo cuartel Carlos Manuel de Céspedes

Conversar con Isabel Julia Labrada Villavicencio es como viajar en el tiempo, porque sus conocimientos de historia y su formación pedagógica te hacen vivir cada momento al narrar detalladamente los sucesos.

Interesados en conocer el por qué del 26 de Julio La Demajagua acudió a su morada bayamesa para escuchar los argumentos de una granmense consagrada a despejar dudas sobre el pasado, consciente de la importancia de estar esclarecidos y no  engañados sobre la Cuba antes de 1959.

“El 26 de julio de 1953 fue domingo y yo tenía 13 años. Ese día estábamos invitados a un bautizo, pero nuestro padre suspendió la salida porque los guardias se habían fajado. Como los revolucionarios estaban vestidos de soldados la gente se confundió. Solo después supimos que eran jóvenes dispuestos a derrocar a Batista.

“El móvil de los asaltantes al cuartel Moncada y al Carlos Manuel de Céspedes era la penosa realidad del  país, que únicamente podía solucionarse con una Revolución, la cual necesitaba de las armas existentes en esos enclaves militares para desarticular la tiranía.

“Antes del triunfo revolucionario no se trataba en las escuelas la situación socioeconómica de la nación, solo teníamos que salir a las calles para ver las deprimentes circunstancias.

“En los periódicos solo publicaban los temas convenientes a los intereses de sus dueños y se obviaban los males de la República. Hoy, órgano oficial de los comunistas, fue clausurado, porque ser comunista era un pecado y a todos los tenían en una lista negra para no darles empleo. Existía una gran ignorancia política y desconocimiento sobre los postulados del comunismo, en lo que me incluyo”.

LOS OBSTÁCULOS PARA APRENDER

En 1953, narra Labrada Villavicencio, la situación de la clase obrera era crítica, por ejemplo, a los maestros le iban a rebajar 15 pesos de su salario.

En toda Cuba, refiere, 10 mil educadores estaban sin trabajo, y en Bayamo se sentaban las maestras desempleadas frente a la Junta de Educación, esperando alguna ausencia para cubrir la plaza ese día.

“En la zona urbana el analfabetismo registraba un 69,3 por ciento y en la rural un 88. Existían 18 mil 73 niños y de ellos alfabetizados solo tres mil 120.

“En los 13 barrios bayameses estaban diseminadas 106 aulas y aunque había cuatro escuelas de la Enseñanza Media Superior no eran reconocidas por el Estado, es decir, funcionaban por patronatos y las administraban  personas acaudaladas.

“Para ingresar en la Escuela Normal debía pagarse una matrícula de 15 pesos, una mensualidad de 12 pesos y presentar el comprobante de un  giro de dos pesos para practicar la Educación Física, el cual era dirigido al coronel Roberto Fernández Miranda, cuñado de Batista. “La escuela pública estaba desatendida y todo lo teníamos que comprar, por eso los adolescentes la dejaban para ayudar a sus familias”.

ACCESO A LA SALUD

Isabel Julia Labrada Villavicencio/FOTO Yelandi Milanés Guardia

En relación con  la salud, la entrevistada expresa que solo estaba el Hospital General Luis Ángel Milanés Tamayo, cuya capacidad era de 78 camas y 12 dedicadas  a  niños. Existía una casa de socorro donde se atendían los   problemas sanitarios de poca complicación y allí iba un dentista a atender a los pobres, quienes debían dirigirse al Ayuntamiento para ver si alcanzaban algún tique de las 12 tarjetas repartidas diariamente.

“La medicina era privada y cada médico cobraba tres pesos por consulta. Contábamos con un laboratorio del Estado y tres privados, en el primero hacían análisis de heces fecales y orina, y se pagaban 0,25 centavos. Una operación de apendicitis valía 30 pesos.

“En la parte rural morían muchos infantes de enfermedades curables, como tosferina y gastroenteritis. La gente acudía más a la farmacia, y le pedía al boticario la sugerencia de un medicamento para determinada dolencia, pues con un médico salía más caro”.

LA SOCIEDAD DE LOS 50

En aquellos tiempos descollaban la Colonia Española, Bayamo Social (negros acaudalados) el Liceo (ganaderos, azucareros, comerciantes, arroceros y otros), la sociedad de los chinos y el club deportivo, para los ricos.

La discriminación también se veía en los trabajos, solo las mujeres blancas y de alta alcurnia podían laborar en el Comercio, la Electricidad y la Compañía telefónica.

Según declara la investigadora, predominaba el pluripartidismo, y entre estos se destacaban el Ortodoxo (revolucionarios), el Auténtico, el Partido de Batista, conocido como el de los cuatro gatos por ser el de menos miembros, y el Partido Socialista Popular, el cual siempre vivió en la clandestinidad.

“Para manifestarse era necesario tener permiso, si no te castigaban o encarcelaban. Socialmente existía mucha represión e ir a una cárcel implicaba torturas y hasta la muerte.

“Había una gran corrupción, un ejemplo tristemente célebre fue el del cubano José Manuel Alemán, a quien la revista Time, en la década de los años 50 del siglo precedente, catalogó como el más ladrón del mundo.

“Este personaje trabajaba desde 1940 en el Ministerio de Educación, donde se robaba el presupuesto destinado, engañosamente, a los maestros no emplantillados. Su ambición era tal, que un día llegó a la Tesorería nacional con unos carros y robó parte de su dinero.

“En aquel tiempo prevalecía la pobreza y el desempleo, por eso proliferaban los indigentes, quienes merodeaban cerca de los Elevados y en los portales de El Bazar. Dormían ahí, y pedían limosna. Entre los mendigos más afamados se encontraban Dichoso, El Alcalde y Rita la Caimana.

“Aunque estaban las sociedades, teatros, tiendas, bares y cines, esos lugares eran vedados para los pobres. A pesar de la miseria, la gente era solidaria, de buenas costumbres y muy refinadas al hablar. Resultaba muy difícil escuchar palabras obscenas.

“Nuestros héroes eran prácticamente desconocidos. De Gómez  se hablaba poco y a Maceo lo mencionaban como el mulato salvaje que sabía cortar cabezas con el machete. Sin embargo, Martí siempre fue resaltado.

“Estábamos tan deslumbrados con los norteamericanos  que para nosotros eran algo grande, pues ignorábamos  cuánto nos robaban.

“Las tiendas estaban llenas de productos, pero la gente nada más gastaba centavos, porque había que trabajar duramente para ganárselos”.

Otro mal de la república era la prostitución, la cual se practicaba en las zonas de tolerancia. Un lugar famoso era el Hotel de Balín, en donde se ofertaban alimentos y mujeres.

Las prostitutas generalmente eran jóvenes engañadas que algunos citadinos traían del campo, o pobres dedicadas al mercado del sexo para paliar sus limitaciones económicas.

Por todos estos males, Cuba necesitaba de una Revolución, el 26 de julio de 1953 fue, indiscutiblemente, la fecha iniciadora de una nueva etapa de lucha.

La ciudad Monumento Nacional por su tradición histórica y su posición geográfica no podía ser obviada en la rebelión, y tras el fracaso del asalto varios bayameses apoyaron a los jóvenes, aunque no consiguieron evitar los asesinatos salvajes de muchos.

Solo un cambio radical podía transformar el escenario del país, por eso los asaltantes inspirados en el Apóstol, hicieron suyas sus doctrinas y se lanzaron en pos de una patria libre de las penurias denunciadas por Fidel en su autodefensa, las cuales constituyeron la guía de la Revolución triunfante y los motivos del Día de la rebeldía nacional.

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