Los pasos de Gelquis, delegado de Granma a Festival Mundial

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Por Yasel Toledo Garnache | 15 octubre, 2017 |
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Gelquis Ricardo del Toro Pérez, Primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas en Granma/ FOTO Rafael Martínez Arias

El protagonista de estos párrafos tiene una colección de piedras en su oficina, incluidas algunas de sitios de gran trascendencia, como el Pico Turquino y San Lorenzo, donde cayó en combate Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria.

Cerca del televisor están otras de lugares muy relacionados con su vida, como Moa, en Holguín, y Ciego de Ávila, en los cuales dio pasos, estudió, trabajó y soñó antes de trasladarse a Bayamo en el año 2011.

En ocasiones escucha música mientras labora, se detiene, piensa en sus dos hijas, en los retos del presente, en la importancia de la historia, en la necesidad de que las nuevas generaciones sean siempre consecuentes con los principios de la nación, y continúa frente a la computadora o en diferentes puntos de Granma, dialogando, anhelando y haciendo en grupo.

Sentados en dos sillas y apoyados en una mesa, donde minutos antes él organizaba pegatinas con imágenes de sitios históricos de la provincia, para una actividad que debía comenzar a las ocho de la noche, conversamos durante más de una hora sobre temas diversos, incluido el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, al cual asiste como delegado.

Gelquis Ricardo del Toro Pérez, graduado con título de oro de Ingeniería Geológica en el Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa, tiene el difícil desafío de guiar la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en Granma, como primer secretario de una organización con el propósito de constituir un eterno ser vivo, capaz de saltar, abrazar, explicar, señalar con enfoque revolucionario, cautivar y aportar en el camino de los éxitos.

Este muchacho, amante de los ajiacos y la yuca con mojito, habla con alegría sobre su infancia en Sagua de Tánamo, en Holguín, cuando jugaba bola, trompo y a la chapa con tapas de botellas de refresco, montaba carriolas y empinaba papalotes.

Cuando él tenía ocho años de edad, su mamá pensó encontrar el amor en un corazón que palpitaba lejos, en Sabicú, zona rural del municipio Primero de Enero, en Ciego de Ávila, y allá se fue con sus dos hijos, donde solo recibían electricidad de seis de la tarde a diez de la noche, gracias a una planta que en una ocasión se quemó y el combate con los mosquitos fue mayor.

Durante aquella etapa, el pequeño escuchaba casi todos los programas de radio, gracias a la carga de una batería de carro, según manifiesta y levanta la mirada, como si recordara aquellas jornadas, cuando casi no tenía ni amiguitos para jugar, pues solo existían unas 15 viviendas, donde predominaban los adultos.

La escuela más cercana quedaba muy lejos, y el niño tuvo que albergarse. Poco a poco, la situación se complejizó más, pues quedaron solos él, su hermana Yusimí y la madre, quien recibía los únicos ingresos del hogar, y todos juntos, con ayuda de algunas personas construyeron un rancho y siguieron adelante.

Gelquis habla con calma, sus palabras salen como de un manantial, en ocasiones hace un breve silencio, y luego continúa.

Según narra, la situación era difícil, y en la etapa de secundaria básica ya tuvo que convertirse en el hombrecito de la casa para ayudar en lo posible, pero jamás descuidó los estudios, entró al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas, y más tarde obtuvo la carrera universitaria, lo cual significó también volver a su provincia de origen.

El joven lleno de sueños organizó algunas pertenencias, las echó en el maletín o mochila, y fue para el Instituto Minero Metalúrgico, donde logró buenos resultados como alumno y dirigente, se enamoró de una bayamesa, con quien tuvo dos hijas y una relación amorosa durante 15 años.

Luego de recibir su título, se quedó en la institución escolar como profesor y Secretario Profesional de la UJC, y más tarde fue promovido a miembro del Buro Municipal de Moa, para atender la actividad ideológica.

Por una orientación política, consistente en que todos los dirigentes debían ejercer su profesión, laboró como ingeniero geólogo durante tres años, período en el cual nació su primera princesita, llamada Mariana, como homenaje a la madre de los Maceo, y luego se trasladó con su esposa a Bayamo, una ciudad que ama, como a toda Granma, asegura quien prefiere el juego de ajedrez y hasta participó en competencias.

Realizó funciones como miembro del Buró de la Ciudad Monumento Nacional, y después en el de la provincia, en el cual fue designado primer secretario en el año 2016.

Asegura que sus compañeros de trabajo son su otra familia, pues la de sangre está lejos. “Les agradezco mucho a todos y trato de ser jefe y amigo, a pesar de la exigencia”, manifiesta quien es hijo de un carpintero, casi toda su vida ha estado becado, y creció cerca de un río en Sagua de Tánamo.

Refiere que en ocasiones le gusta estar solo para concentrarse en sus quehaceres, pero disfruta mucho compartir con otras personas, celebrar un cumpleaños, tomar refresco junto a ellos…

Expresa que los jóvenes de Granma son muy valerosos y capaces, como todos los cubanos. “Muchos de los cuales se suman a las actividades de la UJC, participan en trabajos voluntarios, iniciativas en comunidades, bailan, cantan y demuestran el entusiasmo de esta generación”, dice quien no piensa en grandes metas individuales, porque se enfoca en trabajar al máximo cada día y ser buen ejemplo para sus pequeñas y las demás personas.

Repleto de ideas y anhelos conversa sobre algunos pasos en la provincia para favorecer el acercamiento de los más noveles a sitios históricos, como la Comandancia General del Ejército Rebelde en La Plata y muchos otros, con gran apoyo de las direcciones del Partido y el Gobierno aquí.

“La UJC es la organización de todos los jóvenes cubanos, en nuestro territorio sumamos unos 23 mil militantes, incluidos cuatro mil incorporados este año, aproximadamente. Debemos continuar avanzando con alegría y compromiso, añade con seguridad quien asegura sentirse granmense desde hace varios años.

Sobre el Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, expresa que la voz de Cuba debe ser luz gigante otra vez, por eso es muy importante la preparación de los participantes, incluidos los 12 delegados y dos invitados de esta provincia, a quienes define como muchachos muy humildes, preparados y provenientes de diversos sectores, lo cual es favorable.

Casi al final del diálogo, menciona otra vez a sus hijas, la importancia del esfuerzo y el orgullo por formar parte de una generación que siempre será fiel a los principios de la nación, heredera de las ideas y el ejemplo de Fidel y otros grandes.

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