Los privilegios de Lena

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Por Yelandi Milanés Guardia | 13 junio, 2020 |
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La pequeña con apenas cinco años y en el grado preescolar sabe leer, escribir, sumar y restar de forma casi autodidacta, pues solo ha recibido una pequeña ayuda de su hermana mayor Liana Camila Centeno Viltres y su mamá Liana Viltres Guillén.

Anticipándose a los conocimientos propios de su edad Lena deleita a quienes la conocen con la lectura de periódicos, revistas y el libro de primer grado, cuya habilidad asombra a los que tienen la suerte de escucharla.

Para ella, como para todos, la llegada de la pandemia supuso un cambio en su cotidianeidad y la imposibilidad de ir a la escuela, la deprimió mucho.

A verla en tal situación, la familia se dio a la tarea de devolverle la alegría y entonces idearon crearle una en su hogar. El objetivo del centro educacional sui generis es entretenerla y que aprenda jugando.

La iniciativa que hoy le devuelve la sonrisa es lo más parecido a un aula, la cual contiene un mural, los símbolos patrios y atributos nacionales, un horario, una biblioteca pequeña y un rincón dedicado a José Martí y a Fidel Castro.

También existe un huerto conformado por las plantas ubicadas en el balcón del inmueble, y para dinamizar el cuerpo, dedican un tiempo en el orden de día a los ejercicios matutinos.

Según cuenta la mamá, todos los miembros de la familia están integrados al centro escolar. Ella se desempeña como maestra, Luis Felipe Brizuela González (padre) como director y la abuela es la auxiliar de limpieza y responsable de la merienda.

El papá supervisa que el aula este limpia, que las clases comiencen en hora y que se cumplan al pie de la letra las actividades planificadas para cada día. No obstante, cuando terminan las clases todos vuelven a sus tareas hogareñas.

La protagonista de esta historia refiere con franqueza que le gusta mucho la escuela, no solo porque ella participó en su confección, sino por el amor que le han puesto sus seres queridos a esta iniciativa.

Aunque falten los compañeritos que tanto quiere y espera con ansias ver, Lena no puede quejarse de los  regalos de la vida, pues además de una inteligencia sorprendente, tiene el privilegio de tener una familia que con una escuela improvisada, le ha devuelto la felicidad que ha muchos niños le ha arrancado el coronavirus.

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