Los retos de la mayor organización de masas (+ fotos)

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Por Yelandi Milanés Guardia | 28 septiembre, 2018 |
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FOTO/ Luis Carlos Palacios

Los CDR arribaron a su aniversario 58 y lo han celebrado, entre otras actividades, con su IX Congreso, el cual ha generado, desde sus inicios hasta la sesión final, disímiles debates en torno a la mayor organización de masas del país.

Más de medio siglo llevan acompañando el proceso revolucionario y muchas han sido las tareas encomendadas. Aunque su misión fundamental es la defensa y vigilancia de los barrios, su campo de acción se ha ensanchado y hoy abarca disímiles cuestiones que tienen su epicentro en las cuadras.

 

Celebran Cederistas Granmenses Aniversario 58 de los CDR.
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Publicada por La Demajagua en Jueves, 27 de septiembre de 2018

 

Actualmente muy pocas problemáticas y acciones son ajenas a los CDR, pues ellos constituyen un eslabón fundamental en la estructuración de nuestra sociedad.

Cuando hablamos de guardias, trabajos voluntarios, limpieza y embellecimiento, recogida de materias primas, donaciones de sangre, caldosas, reuniones de vecinos y unidad del barrio, nos remitimos mentalmente a ese espacio físico y afectivo.

Mas estos tiempos, con sus nuevas luchas y desafíos, demandan de las cuadras un mayor protagonismo, urgido de la fusión entre los más experimentados y los jóvenes.

Su funcionamiento -inexorablemente- debe ser más orgánico y dinámico, buscando vida en actividades y acciones del barrio, más que en reuniones.

Hoy los CDR deben convertir a las cuadras en el principal escenario cultural y deportivo, sin necesidad de orientaciones de estructuras superiores. Este anhelo demanda mayor autonomía e iniciativas en la base.

Las reuniones deben despojarse de las formalidades y reflejar y abordar los problemas del barrio, además de las soluciones que desde allí deben emprenderse.

Sumamente importante resulta la elección de los dirigentes de base, pues los comités deben ser comandados por líderes que convoquen, impulsen y accionen.

El presidente necesariamente debe ser la persona más ejemplar y con mayores méritos del barrio, para -con todo su prestigio y moral- criticar y encabezar la lucha contra las incidencias negativas.

Las cuadras tampoco están ajenas a la lucha contra las indisciplinas sociales, ya que en su seno abundan muchas. Las ventas ilegales, el maltrato a la propiedad social, el irrespeto a las normas de educación formal y convivencia, entre otros, constituyen desobediencias que  permanecen en su punto de mira.

Pero no solo la denuncia y enfrentamiento a esas indisciplinas les compete, también los CDR tienen un papel importante en la formación de valores de los niños y adolescentes de sus barrios.

La sociedad cubana está inmersa en una batalla contra todo lo que la menoscabe e intente demeritar, y en ese enfrentamiento los CDR tienen un rol primordial.

Los comités -sin dudas- se han convertido en esencia nuestra y en una gran familia, y familia al fin, nada de lo ocurrido en sus terrenos le es indiferente.

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