Luis Suárez conjura la maldición de Anoeta

El uruguayo rescata a un Barça perdido que llegó a perder por 2-0 para acabar una primera vuelta para enmarcar.

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Por AS | 15 enero, 2018 |
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Cuando parecía que el Titanic del Barcelona volvería a encontrarse con el iceberg de cada año en Anoeta, apareció Luis Suárez para soldar las vías de agua en el casco de la nave blaugrana y conseguir una victoria por 2-4 que permite al equipo de Ernesto Valverde completar una primera vuelta para enmarcar y emproar la Liga.

Cierra la primera vuelta del campeonato el equipo barcelonista sin haber perdido ni un partido, sumando 51 puntos (la segunda mejor marca de la historia barcelonista sólo por detrás de los 55 que consiguió Tito Vilanova y los 52 de Guardiola) y asentando un liderato incontestable que deja al Atlético, segundo a nueve puntos; al Valencia, tercero a once y al Madrid a la escandalosa cifra de 19. Tantos puntos como jornadas disputadas por el Barça, teniendo en cuenta que los actuales campeones tienen un partido menos.

Pero para para superar el escollo de Anoeta el Barcelona tuvo que sudar tinta china, creer mucho en sus posibilidades y aferrarse a un capitán sin miedo, que esta vez fue Luis Suárez. En los naufragios siempre hay un héroe que salva vidas y ese ayer fue el delantero centro del Barcelona que tiró del carro cuando el agua, que jarreó a lo largo de todo el encuentro, amenazaba con hundir la nave blaugrana de nuevo en el mismo puerto de siempre.

La puesta en escena del partido fue del Barcelona, que salió con un centro del campo atípico en el que los kilos y los centímetros se impusieron al talento, pues Iniesta se quedó en el banquillo para dar entrada a André Gomes, que formó línea junto a Rakitic, Busquets y Paulinho.

No obstante, el decorado se le vino encima al Barcelona en cuanto la Real descubrió el boquete por la derecha de su ataque, donde Xabi Prieto y un Odriozola inmenso torturaron a Jordi Alba una y otra vez. El lateral de L’Hospitalet casi no pisó terreno rival hasta el minuto 40 de partido de la mala vida que le daban los donostiarras.

En cuanto Willian José cazó un centro de Xabi Prieto (qué guante tiene este jugador) con la cabeza para marcar el primero a los once minutos, el Barça se descompuso. Le entraron todos los dolores al equipo blaugrana, que se vio abocado a sus peores minutos desde la Supercopa ante el Madrid contra una Real que le estaba pasando por encima.

El chaparrón no era sólo climatológico, era futbolístico. El Barça respiró cuando el árbitro anuló erróneamente otro gol a Willian José por una supuesta falta sobre Rakitic. Pero ni por esas reaccionaron los blaugrana ni se desanimó la Real, que en el minuto 34 marcó su segundo gol. El destino parecía escrito para los líderes, que volvían a tropezar con la piedra de siempre.

En la única acción del Barcelona con cara y ojos en toda la primera parte, Suárez decretó el inicio de la revuelta contra el infortunio. Un desmarque del uruguayo por la banda izquierda habilitado como extremo le valió a Paulinho para enderezar el rumbo de la nave marcando el 2-1 y para llegar al descanso con menos desperfectos de los que se merecía el cuadro blaugrana.

La segunda ya fue otra historia. Aferrados a la fe del uruguayo el Barcelona salió en tromba. A los cinco minutos Suárez marcaba el empate de una vaselina delicadísima a pase de Messi, la Real trató de reaccionar, pero el mejor fondo del Barça jugaba a su favor. Suárez de nuevo aprovechando un rechace de Vermaelen puso en ventaja a los suyos y Messi, que acabó dominando el partido como quiso marcó el cuarto de falta para que este Barça, una vez reparada la vía de agua, superara el iceberg y pusiera proa a la Liga.

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