Lula duele en el alma

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Por Luis Morales Blanco | 11 marzo, 2019 |
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Lula duele por el encarcelamiento arbitrario, después por una nueva condena a 12 años de privación de libertad que le impidió asistir al velorio de su hermano (su querido Vavá)  recientemente fallecido y en especial por la pérdida de su nieto.

Lastima el caso de Lula porque su retoño sufrió bulling cuando lo encarcelaron  y  los condiscípulos le decían que su abuelo estaba preso por ladrón), las lágrimas del viejo dirigente obrero laceran  y  es por eso, su  mejor forma de honrar al pequeño  Arthur es demostrar  que es inocente .

Lacera que el presidente más popular de la historia de Brasil que sacó d de la pobreza a 30 millones de personas haya sido encausado y encarcelado por jueces desvergonzados y también que su país haya caído en manos de la extrema derecha, debido a   trapisondas electorales movidas por las redes sociales, al igual que en el caso Trump.

También que haya accedido a la presidencia   un extremista como Jair  Bolsonaro quien  ya se afila los dientes para secundar al presidente yanqui en una aventura  fratricida contra Venezuela.

Duele que se repita la historia bíblica de Caín y Abel.

 

Duele que su país quede en manos de alguien como Bolsonaro quien  ha dicho, entre otras cosas, que las mujeres “deben ganar menos porque se quedan embarazadas”, que “los artistas deben ser fusilados”,  que “los negros no sirven ni para reproducirse” y que “sería incapaz de amar a un hijo homosexual”.

De un hombre que apoya la venta libre de armas (en un país con elevados índices de violencia), la tortura de delincuentes, pues para él “el mejor delincuente es el delincuente muerto”, y minimiza la importancia de las ejecuciones durante la dictadura, que además reivindica.  “El error de la dictadura fue torturar y no matar”, según evoca  Bolsonaro, apesadumbrado   porque haya pasado el  tiempo militar de los generales  gorilas, expertos en golpes de estado.

Hiere  que los verdaderos ladrones gocen de libertad y en el caso del hijo de Bolsonaro viaje a otros países lo mismo buscando amparo al abrigo de Washington que haciendo proselitismo a favor del régimen de su padre; mientras  el ex mandatario, deba extinguir  dos condenas por supuesta corrupción y lavado de dinero.

Vulnera que todo lo hecho por los gobiernos petistas (del  Partido de los trabajadores  del propio Lula y Dilma Russef) se desbarate ante sus ojos  por una administración de marcado corte antipopular, racista y antifeminista  como el de Bolsonaro.

Quebranta que el sufrimiento  de Lula desde que fuera encarcelado en abril del año pasado, hace casi un año, haya hecho  encanecer totalmente su cabello, sufrimiento agravado por estos golpes a la vida familiar del ex mandatario.

Reconforta, en cambio, saber que hay valerosos dirigentes del Partido de los  Trabajadores que siguen su camino, que el movimiento de los Sin tierra   que tanto apoyó está firme junto a él como Dilma Russef y el candidato petista Fernand Hadad y sobre todo el pueblo   acompañen a Lula en todo trance como este de conducir hasta su última morada al nieto fallecido.

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