Macron y Trump monopolizan cumbre del G-7

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Por Prensa Latina (PL) | 27 agosto, 2019 |
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Biarritz, Francia, – La cumbre del G-7 acogida por esta ciudad balneario bien pudiera pasar a la historia como un mano a mano de tres días protagonizado por el presidente anfitrión, Emmanuel Macron, y su par estadounidense, Donald Trump.

Sin pretender ignorar a otros pesos pesados asistentes a Biarritz, como el premier británico, Boris Johnson, con su intento de renegociar el Brexit o la canciller alemana, Angela Merkel, y sus desvelos económicos, siempre se trató de eso, de un pulsear entre los jefes del Palacio del Elíseo y de la Casa Blanca.

Bunkerizada hasta incomodar a turistas y comerciantes, la hermosa comuna fue escenario del juego del ratón y el gato o del niñero y el bebé impredecible, solo que el vigilado fue el tal vez más peligroso hombre del planeta. Más allá del discurso vació de una cumbre contra las desigualdades, pronaturaleza e impulsora de ‘un capitalismo más justo’, promovido por París, la meta local era contener a Trump, con el fiasco canadiense del año pasado siempre en mente.

Como olvidar la partida prematura de Quebec del magnate inmobiliario, sus insultos a Justin Trudeau y la negativa de firmar la declaración final.

Además, Trump había apelado en fecha bien reciente a su incendiario Twitter para escribir sobre ‘la estupidez de Macron’ por la iniciativa de fijar un impuesto a los gigantes de Internet -casi todos norteamericanos- criticar su ingenuidad al enviar a Irán ‘señales equivocadas’ y amenazar con aranceles terribles al vino francés ‘porque después de todo el estadounidense es mejor’.

Por tanto, el gobernante anfitrión tenía ante sí el reto de encontrar la fórmula de controlar al visitante de 73 años y a la vez brillar como mediador y presentar credenciales de estadista en un mundo repleto de conflictos y crisis, la inmensa mayoría causados en los últimos siglos o décadas por las siete potencias aquí representadas

Es así que el 24 de agosto comenzó la cumbre 45 del G-7, que reúne además a Alemania, Canadá, Italia, Japón y Reino Unido, y ese mismo días los mandatarios dialogaron durante dos horas en el Hotel du Palais, sellando los destinos del cónclave.

La noticia del foro, sin dudas, la posibilidad de un encuentro de Trump con el presidente de Irán, Hassan Rohani, para alcanzar un acuerdo sobre una crisis con mucho peligro de confrontación.

Hemos creado las condiciones para que esto suceda, dijo ayer a la prensa el presidente anfitrión, quien el día antes había conversado con el canciller persa Mohammad Javad Zarif, calificado en los medios franceses de ‘invitado sorpresa’, aunque en realidad nunca fue lo segundo.

Para darle crédito a Trump, Macron destacó el ‘buen resultado’ de la hostilidad de Washington con su retirada del acuerdo de 2015 sobre el programa nuclear iraní y el retorno a sanciones económicas asfixiantes, al ‘poner presión’ a Teherán y conseguir su voluntad de diálogo acerca de un pacto ‘con deficiencias’.

Respecto a la guerra comercial desatada desde la Oficina Oval contra China, el jefe de la Casa Blanca se jactó de ser el ganador, y con la postura desafiante de siempre aseguró que Beijing pidió retornar a la mesa de negociación.

‘Creo que China no tiene opción, el presidente Xi (Jinping) es un líder brillante y no puede permitir que el país siga perdiendo empleos y su sistema de comercio se venga abajo’, señaló.

Según dijo, de mantenerse el actual escenario, Estados Unidos recolectaría 100 mil millones de dólares en impuestos de Aduana, mientras China sumaría más pérdidas de puestos de trabajo, además de los tres millones de los últimos meses, que alegó.

Macron, luego de celebrar que las dos principales potencias económicas del planeta parecieran emprender el camino del diálogo, bajando así la incertidumbre en los inversores y la inestabilidad de los mercados, hizo un guiño cómplice a su par acotando que el G-7 coincidía en la urgencia de transformar las reglas del comercio internacional, para resolver ‘preocupaciones justas’ como las de Washington.

En ese sentido, mencionó la necesidad de reformar la Organización Mundial del Comercio, en función del respeto al trabajo y la propiedad intelectual, la solución de controversias y el combate a la competencia desleal, justo los ‘problemas’ que occidente le imputa al gigante asiático.

Para complacer a Trump, quien ni siquiera se molestó el último día de la cumbre en asistir a la sesión dedicada al clima, la biodiversidad y los océanos, el tema ecológico ‘desapareció’ de la escueta declaración final.

Incluso Macron fue más allá, al declarar a periodistas que la ausencia de Trump se debió a reuniones bilaterales previstas con la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro indio, Narendra Modi, lo único que la prensa estadounidense reportó que ambos líderes sí estuvieron en los debates sobre la protección de la naturaleza.

En la rueda de prensa conjunta, armado de una sonrisa, el mandatario anfitrión anunció un acuerdo con Estados Unidos sobre la polémica ley GAFA (acrónimo de Google, Amazon, Facebook y Apple), por la que Trump había amenazado con dictar altos aranceles para el vino francés, tras llamarla discriminatoria hacia compañías norteamericanas.

Macron explicó que una vez exista un impuesto internacional que garantice la justicia fiscal, porque algunas empresas no pagan tasas, entre ellas las que dominan en la red de redes, generando una competencia desleal respecto a otras que sí lo hacen, Francia renunciará a la suya.

El jefe del Palacio del Elíseo precisó que cuando se aplique el instrumento internacional, el dinero pagado por la tasa francesa sería descontado de la multilateral.

Asimismo, reiteró que la ley GAFA no tiene como blanco entidades específicas, al incluir a empresas francesas y de otros países, además de las gigantes estadounidenses que dominan Internet.

Interrogado al respecto, Trump decidió no hacer comentarios y se limitó a decir: ‘solo puedo asegurar que a la primera dama (Melania Trump) le encanta el vino francés’.

También a favor de Macron, su anuncio de que en septiembre tendrá lugar un encuentro bajo el formato de Normandía con los líderes de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania, como parte de las acciones para buscar la paz en el este de la exrepública soviética.

Especular acerca del ganador del mano a mano poco aportaría, seguramente ambos consiguieron lo que querían, Trump sentirse máximo protagonista y amo del mundo capaz de doblegar a quienes lo desafían, y Macron alcanzar galones y presentar una cumbre exitosa que lo mejore en las encuestas para enfrentar inminentes retos domésticos.

Después de todo, Biarritz transcurrió con mucha más tranquilidad de la prevista, tanto puertas adentro como afuera, y con noticias que divulgar.

Las desigualdades?, la justicia social? y el cambio climático?, nada de eso quedó registrado en la inédita declaración final de Biarritz, texto de una cuartilla que Macron confesó redactar de su puño y letra sobre la marcha, antes de circularlo a los mandatarios, con cero riesgo de un rechazo dada su inocuidad.

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