Un Maestro se recuerda

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Por Diana Iglesias Aguilar | 6 julio, 2020 |
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FOTO/ Diana Iglesias

Mañana de emociones y recuerdos a quién por más de seis décadas tuvo al magisterio como evangelio propio, adoptando los preceptos del Nazareno: de amar y darse sin límites.
En la sede Dos Columnas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Granma, y con el coauspicio de la Asociación de Pedagogos de Cuba en este territorio, se presentó el libro: El Maestro Santoya en el recuerdo.

Una suerte de crónica-testimonio de José de la Luz Santoya Ramos, bayamés por convicción, Doctor en Filosofía por la Universidad de La Habana, eminente profesor de ciencias, de nunerosas generaciones de bayameses.

Se reúne una representación de quienes tuvieron el honor de ser sus discípulos, familiares, amigos, para rememorar la inmensa obra pedagógica y humana de Santoya.

El volumen es fruto de la tenacidad probada de la hija del maestro Santoya, América Ana Santoya Arévalo, que fue hilvanando una por una las cuentas del collar de una existencia dedicada al saber y a predicar con ese ejemplo que solo el auténtico civismo produce.

A través de medio centenar de cuartillas, presentadas ahora en formato digital, se recorre también a la Ciudad Monumento, sus escuelas, tradiciones, la esencia de sus gentes, acontecimientos y características sociales y culturales a través de los años.

El libro con NO en la edición a la Doctora Iliana Orozco Hernández y en el diseño de la Arquitecta Anabel Rojas Santoya.

América Santoya es Psicóloga de profesión, Máster en Ciencias, narradora con premios en certámenes de cuentos breves como Vértice, publicado tiene el volumen Confidencias de mujeres, del dolor al crecimiento personal (Ediciones Bayamo 2012) y sus cuentos son parte de antologías.

En la actualidad trabaja en la corrección de un texto de autoayuda para hombres.

Jorge Estrada, vecino y amigo, resalta la prolifica labor humana y pedagógica de Santoya, su familiaridad y sencillez en las relaciones humanas, el buen humor que derrochaba en bromas en las que conservaba el respeto por los demás. Jorge Estrada recuerda la biblioteca bien nutrida del profesor, en la que él mismo leyó numerosos textos.

La Doctora Viriginia Alcantúz fue su alunma en el bachillerato de 1960-1963, lo recuerda como un hombre alegre y recto, sin dejar de ser humorista. Tenia entre sus principios la responsabilidad y la puntualidad. Era ejemplo de delicadeza en especial a las muchachitas a las que llamaba niñas.

Santoya recogió sus frutos, de muchas maneras, una de ellas eran las muestras de atención que recibía siempre que asistió a una institución hospitalaria, allí estaban sus alumnos.

Jorge Díaz, también su alumno, recuerda con cariño al profe Joe, como le decían con cariño al maestro Santoya. Cultor del idioma español y del inglés, enseñaba con presteza lo mismo matemáticas, física y química. Ser su alumno es un privilegio, enseñó la necesidad de leer y superarse, con métodos únicos y sobretodo con su ejemplo.

Mucho servirá para rememorar la obra de Santoya pero sobretodo para inspirar.

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