Mariana, al tributo expedito

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Por Sara Sariol Sosa | 12 octubre, 2017 |
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Monumento ante la tumba de Mariana Grajales, Madre de todos los cubanos, en Santa Ifigenia,  Santiago de Cuba, el 10 de octubre de 2017. ACN FOTO/Miguel RUBIERA JÚSTIZ

Cuando Marcos Maceo, esposo de Mariana Grajales, conoció el 12 de octubre de 1868 de la noticia del levantamiento armado de Carlos Manuel de Céspedes, en La Demajagua, envió a su hijo Miguel a la tienda de los hermanos Tranquilino y general Palencia, en las afueras de Santiago de Cuba, donde la familia Maceo Grajales residía, y donde se encontraba un grupo de insurrectos al mando del capitán Rondón.

Cuando este último fue al encuentro de sus viejos amigos, quienes les proporcionaron caballos, armas y dinero, preguntó cuál de sus hijos estaría dispuesto a apoyar la contienda independentista.

Antonio, José y Justo fueron los primeros en dar el paso al frente, pero antes de que salieran hacia Ti Arriba con el grupo de alzados, su madre, rebosando de alegría por la respuesta patriótica de sus hijos, los hizo jurar de rodillas y frente a un crucifijo de Cristo: “Juremos libertar a la Patria o morir por ella”.

Esa y tantas otras lecciones de férrea voluntad e incondicional amor a la Patria, fueron las que convirtieron en madre de todos los cubanos, a esa santiaguera de cuna, cuyos restos fueron nuevamente  inhumados este 10 de octubre, junto a los del Padre de la Patria, en el cementerio Santa Ifigenia.

Recordemos que la primera exhumación de sus restos ocurrió a 30 años de su deceso, en Jamaica, donde murió durante exilio, el 27 de noviembre de 1893, a los 78 años.

Había arribado a allí en 1879, obligada por las circunstancias adversas generadas tras el Pacto del Zanjón. Su hijo Antonio, protagonista del hecho memorable de la Protesta de Baraguá, firme respuesta a aquel pacto capitulador, acaso temió que la metrópoli española pudiera considerar a su valerosa madre como un “trofeo de guerra apreciable”, y preparó meticulosamente su partida hacia Jamaica, conociendo, además, que el ejército colonialista la tenía ubicada en Toa.

Allá llegó ella, en un barco de bandera francesa, acompañada por su yerna María Cabrales, y por el recuerdo imborrable de sus seres queridos, que murieron por la libertad de Cuba:  Justo, por fusilamiento; Julio, en el combate de San Miguel; Rafael, que deportado en Chafarinas, murió tuberculoso, y Marcos, su esposo, también caído en combate.

Treinta años habían transcurrido desde su muerte y 25 de la instauración de la República, pero sus restos permanecían en suelo extranjero.

Fue en la sesión del 15 de marzo de 1923, cuando el Sr. José C. Palomino Aciego, entonces vicepresidente del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, presentó una moción a la Cámara Municipal proponiendo el traslado de los restos de la madre de los Maceo, la cual fue aprobada, y el día 18 salió rumbo a Jamaica a bordo del cañonero Baire,  una comisión integrada por Dominga Maceo Grajales, autoridades, veteranos, médicos, periodistas, en busca de los preciados restos, los cuales fueron exhumados, el día 22 del propio mes de abril, en el Cementerio Católico Romano de Saint Andrew.

Ese mismo día por la tarde, el  Baire se hizo a la mar desde el puerto de Kingston con su preciada encomienday después de una travesía difícil, por una ventolera que los azotó aproximadamente ocho horas, llegaron a suelo patrio al anochecer del día 23.

La urna fue trasladada hasta el Ayuntamiento, allí fue velada hasta la tarde del día 24 cuando fue conducida al cementerio Santa Ifigenia, en medio de un grandioso homenaje de la ciudad.

Sus restos, que descansaron junto a los de Dominga Maceo y María Cabrales en el patio D de la necrópolis santiaguera, volvieron a ser inhumados este 10 de Octubre junto a los de Carlos Manuel de Céspedes, con el objetivo de colocarlos en el área patrimonial central, donde ya se encontraba el Apóstol Nacional de Cuba José Martí y,  posteriormente,  se ubicaron las cenizas del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro.

A partir de entonces, cubanos y extranjeros podrán rendir  allí tributo de forma más expedita, a la mujer que más conmovió el corazón del Apóstol, porque lo dio todo para que Cuba fuera libre.

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