Más allá de la sangre

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Por Ivett Rivera Macías (Estudiante) | 20 octubre, 2020 |
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FOTO/Luis Carlos Palacios Leyva

¿Qué identifica en el mundo al cubano? ¿Será un cántico de guerra entonado a viva voz hace muchos años por estas fechas, o es la jarana, la algarabía y el humor lo que nos hace célebres?

Resultan preguntas con muchas respuestas. Algunos dirán que el cubano es porfiadamente alegre, risueño ante las adversidades, luchador frente a las complejidades de la vida.

Quizás, sin advertirlo, hemos sido los responsables de que, a veces, se nos asocie con la vulgaridad y la chabacanería, una imagen proyectada cuando de manera lamentable sustituimos “compañero” por “aseres” y “consortes”; cuando un saludo lo transformamos en “qué bolá” y una despedida se convierte en un “voy echando”.

Hoy nos identifican en el planeta por nuestra particular manera con desenfado, también por el ron, el famoso tabaco y las magníficas playas. Y sí, son peculiaridades de este país, aunque en realidad debieran distinguirnos, primero, por la obra de Martí, el verso de Guillén -como dice la canción de Alexánder Abréu- el grito libertador lanzado por Céspedes, e incontables acontecimientos heroicos, como aquel de prenderle fuego a una ciudad antes que capitular.

Tal vez sea hora de reflexionar que representamos la unión perfecta entre tradición, identidad y cultura. Olvidar de dónde venimos y qué somos es como lanzar a un rincón nuestra historia, un error imperdonable que ya pagaron otros pueblos.

Estamos conscientes de que no somos los “más antiguos del mundo”, pero desde antes del encuentro con los colonizadores españoles hemos escrito una historia hermosa.

Por eso, no podemos reducir la palabra cubanía, que en ocasiones se pone de moda por estos días. La cubanía no es solo una amalgama de sentimientos, una manera de ser y vivir, los valores heredados desde antaño, la riqueza cultural heredada de aborígenes, españoles y africanos, un sentido de pertenencia.

“A nosotros -comentaba el Doctor Fernando Ortiz- nos habría de convenir la distinción de la “cubanidad” y la “cubanía”. Una es condición genérica del cubano; en tanto, la otra es cubanidad plena, sentida, consciente y deseada; cubanidad responsable, cubanidad con las tres virtudes: fe, esperanza y amor”.

Los nacidos en esta tierra siempre tenemos un beso guardado; una ilusión intacta; una proposición de amistad y unos deseos de compartir lo mucho o lo poco que tenemos.

Así somos, como un magnífico ajiaco de constantes emociones. Entonces, amemos esta tierra, hagámosla nuestra, llevémosla por encima de la cumbre del Turquino, démosle esplendor y honrémosla más allá de la sangre derramada para hacerla bella.

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