Médicos rebeldes tras los pasos de la sanidad mambisa

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Por Prensa Latina (PL) | 11 junio, 2019 |
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La Habana- Como en el 68 y el 95, hubo hospitales ambulantes y médicos guerrilleros junto a los combatientes revolucionarios de los años 50, desde el mártir del Moncada, el doctor Mario Muñoz; la expedición del Granma y las columnas invasoras.

Médicos, enfermeros, estudiantes de medicina, farmacéuticos y estomatólogos integraron los cuerpos de sanidad del Ejercito Libertador en las guerras independentistas cubanas.

Muñoz (1912-1953), médico revolucionario, prestó sus servicios profesionales a los heridos; fue golpeado y asesinado por la espalda, sin armas y vestido con su bata blanca, cuando era conducido desde el Hospital Civil junto a otros detenidos hacia el Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.

En el yate Granma arribaron a Cuba dos médicos, entre los 82 expedicionarios, el joven argentino Ernesto Guevara de la Serna, Che (1928-1967); y el cubano Faustino Pérez Hernández (1920-1992), pero el destino de ambos fue la lucha, guerrillera en el caso del primero y clandestina en el segundo.

Narraba el Dr. Julio Martínez Páez (1908-2000), el primer galeno cubano incorporado a la Sierra Maestra a principios de julio de 1957, que al conocer al Che éste le dijo: ÂíQué bueno que llegaste! Espérate un momento aquí, te traigo un regalito.

Enseguida regresó con una cajita en la mano y expresó: es mi instrumental de cirujano. Desde hoy dejo de ser médico para ser guerrillero. ÂíTú no sabes cuánto ansiaba tu llegada!

Este luchador clandestino y reconocido ortopédico de casi 50 años dejó su vida profesional en La Habana, llamado por el entonces joven jefe guerrillero Fidel Castro.

A finales de julio del propio año llegó el segundo médico (graduado en 1955, obstetra y cardiólogo), Sergio del Valle Jiménez (1927-2007), también desde La Habana, cuya primera tarea importante fue cuidar a los heridos del combate de Palma Mocha (20 de vagosto).

Estuvo con el Che en la Columna No. 4 y al siguiente año bajó al llano con el pelotón del entonces capitán Camilo Cienfuegos (1932-1959), que operó durante 53 días en un triángulo entre Las Tunas, Holguín y Bayamo, sin dar tregua a la dictadura de Fulgencio Batista.

Sergio del Valle integró también la Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo, la cual partió el 21 de agosto de la Sierra Maestra hasta el norte de Las Villas (7 de octubre), luego de un recorrido de 470 kilómetros.

A Camilo lo siguió la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo, comandada por el Che, que salió de la Sierra Maestra el 31 de agosto de 1958 y llegó a territorio villareño el 16 de octubre, tras una marcha por 536 kilómetros.

Su médico fue Oscar Fernández Mell, ortopédico (entonces de 25 años), quien se unió al Ejército Rebelde después del fracaso de la huelga del 9 de abril de 1958, y sustituyó en la zona de La Mesa a Sergio del Valle cuando estuvo en el llano con Camilo.

El tercer médico (cirujano, graduado en 1956) que llegó a la Sierra Maestra fue José Ramón Machado Ventura (1930), quien salió de la capital prácticamente por su cuenta en septiembre de 1957 y, guiado por el Movimiento 26 de Julio, arribó a Bayamo y pudo subir después a la Sierra, donde se encontró con el Che en el campamento de E Hombrito.

En esa zona curó varios heridos, entre ellos al Che Guevara, a quien le sacó de un pie una bala de M-1.

Pasó en marzo de 1958 a las órdenes del comandante Raúl Castro, a la apertura del II Frente Frank País, donde se responsabilizó con la organización de la Sanidad Médica.

Numerosos médicos se incorporaron a la lucha como profesionales y combatientes en el último año de la guerra, en los distintos lugares donde el Ejército Rebelde se enfrentaba al ejército batistiano, muchas veces arriesgando sus vidas.

HOSPITALES REBELDES

En aquellos tiempos los hospitales eran ambulatorios, pues comenzaban en una mochila, según palabras de Martínez Páez, quien estuvo al frente del Servicio Sanitario del Ejército Rebelde durante el resto de la guerra.

Martínez Páez y Sergio del Valle operaron a Camilo Cienfuegos, herido de un balazo en el abdomen y de otro en un muslo, en el segundo combate de Pino del Agua (16 de febrero de 1958).

Los médicos hacían grandes caminatas, participaban en la mayoría de los combates o estaban cerca para asistir a los heridos, todo lo cargaban a sus espaldas y realizaron proezas en difíciles operaciones quirúrgicas con insuficiente instrumental y medicamentos.

En la medida que el Ejército Rebelde tomó fuerza existieron puestos médicos y hospitales, con nombres como La Pata de la Mesa, Puerto de Malanga y otros, que si era necesario trasladaban a puntos más seguros.

Lograron clasificar los grupos sanguíneos de un grupo de integrantes de la tropa y del personal de los hospitales, en caso de necesidad de una transfusión de sangre humana normal, por carecer de plasma liofilizado.

En el I Frente, el hospital 26 de Julio, en Pozo Azul, fue dirigido por el Doctor René Vallejo Ortiz (1920-1969) y el Mario Muñoz, en La Plata, por el Dr. Eduardo Bernabé Ordaz (1921-2006).

En el hospital de campaña de Pozo Azul, en la Sierra Maestra, luchó también por salvar vidas el comandante Manuel Piti Fajardo Rivero (1930-1960), cirujano y combatiente, poco después mártir de la Revolución.

Los hospitales rebeldes brindaban asistencia a los combatientes, a la población civil y en muchas ocasiones también a los soldados enemigos heridos; e impartían servicios estomatológicos. Las condiciones resultaron mejores en el territorio del II Frente Frank País, donde hubo 18 médicos, 350 auxiliares, asistentes y enfermeras; 12 hospitales de 15 camas cada uno, una planta central de esterilización, y un sistema de suministros que con rapidez los obtenía en la ciudad de Manzanillo.

Los veteranos médicos guerrilleros (más de 40) se reunieron diez años después, convocados por Celia Sánchez, en las oficinas del diario Granma, a raíz del apresamiento herido y asesinato del Guerrillero Heroico en Bolivia (octubre 1967).

En sucesivas entrevistas ofrecieron sus testimonios, publicados posteriormente en la prensa y compilados en el libro Médicos de la Guerrilla (1956-1958), por Eugenio Suárez (Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2014).

Cuentan páginas de sus vidas, de la historia; y de aquellos que salvaron o murieron.

Varios de ellos escribieron por separado sus recuerdos. Un hermoso libro es Un médico en la Sierra, de Martínez Páez (Editorial Gente Nueva, 1990), con prólogo de Roberto Fernández Retamar.

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