Un Mella de bronce en la Sierra Maestra

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Por Osviel Castro Medel | 10 enero, 2019 |
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Han pasado más de dos décadas; sin embargo, la hermosa historia de un Mella más alto sigue enamorando desde aquel 10 de enero de 1996.

Se cumplían entonces 67 años del asesinato de Julio Antonio en Ciudad México y, en singular homenaje, los universitarios cubanos decidieron subirlo, vestido de bronce, al pico que lleva su nombre.

Antes, a principios de la década de los 90 del siglo pasado, jóvenes emprendedores habían colocado en esa montaña un busto de yeso del insigne antimperialista; un año después la efigie fue sustituida por una de cemento. Por cierto, esas estatuas se conservan en instituciones docentes de Manzanillo.

En marzo de 1995, en el contexto del quinto Congreso de la Feu, tomó auge la campaña «Un grano de bronce para Mella»,  que posibilitó, con los aportes voluntarios de los miles de personas, acopiar el material suficiente para construir el busto del revolucionario. Otra pieza similar sería llevada a la Ciudad de México.

Tal vez muchos desconozcan que la obra, autoría del prestigioso artista santiaguero Alberto Lescay,  tuvo un viaje complicado hasta nuestras serranías. Eran jornadas de neblinas y no pudo ser trasladada en el helicóptero hasta los lomeríos, como se había pensado.

A la sazón, tuvo que ser desmontada en el estadio de pelota Pablito Ríos, de Bartolomé Masó.  Del parque beisbolero, se transportó en un carro ZIL hasta lo intrincado de las serranías.

La idea consistía en vencer el trayecto final en mulo, pero la estrechez del sendero hasta la cima lo impidió, por lo tanto, jóvenes universitarios –uno de ellos el bayamés Domingo Cuza- y varios campesinos de la zona cargaron el busto en sus hombros hasta el Pico Mella.

“El busto iba delante en hombros de nuestros compañeros, nosotros seguíamos detrás con mucha emoción”, evoca ahora Yamilé Garcés Pérez,  quien, como estudiante del  Instituto Superior Pedagógico Raúl Gómez García, de Guantánamo, participó en el acto de develación del 10 de enero de 1996.

Desde esa fecha han sido constantes las escaladas de los pinos nuevos a esa elevación, que adquirió su nombre en mayo de 1950, cuando un grupo de estudiantes ortodoxos, socialistas y de otras afiliaciones, como parte del programa para conmemorar el centenario de la bandera cubana, ascendió al Turquino y le puso el apelativo de Mella a una de las estribaciones relativamente cercanas a la montaña más alta del país.

Hoy, siguiendo una tradición de cada enero, 30 jóvenes de Granma subieron a homenajear al que con solo 25 años y 10 meses de vida creó, fundo, batalló y fue puntal de una generación gloriosa.

En vísperas de la travesía los imberbes hablaron, en taller original, sobre las virtudes del hombre que Raúl Roa llamó «el atleta olímpico de la Revolución» y cuyo crimen, justo hace nueve décadas, no logró borrarlo.

Desde esas alturas, no solo geográficas,  él nos sigue mirando, a nuevos y a viejos, hablándonos de luchas y del tiempo futuro en el que ya se infiltró.

 

 

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