Mella, el gladiador incansable

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Por Osviel Castro Medel | 10 enero, 2020 |
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foto Telesurtv.net

Aun después de aquel último suspiro él le fue útil a su tierra. Porque su muerte se convirtió en aguacero que fertilizó semillas y porque muchos buenos cubanos siguieron sus pasos.

Era la noche del 10 de enero de 1929 cuando la luna, en México, lloró por aquel crimen, mandado a ejecutar –aseguran muchos- desde la oficina del dictador cubano Gerardo Machado.

El nombre del mártir todavía hace latir: Julio Antonio Mella. Y es que no hubo en la década del 20 del siglo anterior revolucionario más apasionado y entregado a la causa que él.

Dirigió el movimiento reformista en la Universidad de La Habana, a partir de enero de 1923 y fue quien presidió, en octubre de ese año, el primer Congreso Nacional de Estudiantes.

Estuvo además, este incansable gladiador, en la creación de la Universidad Popular José Martí (3 de noviembre de 1923) y en la dirección de la Agrupación Comunista (1924).

Y escribió en las revistas Alma Mater y Juventud, o en periódicos habaneros como El Heraldo. Siempre tuvo su verbo encendido, apasionado, un marcado sello latinoamericanista y revolucionario pues, como escribía, para zafarse de “Yanquilandia” era necesaria la gran “Revolución social en todos los países de América”.

En 1925, ya gigante, siguió creciendo. En junio de ese año creó la Liga Antimperialista y funda, un mes después, junto a Carlos Baliño, el Partido Comunista de Cuba.

Por todo eso fue enviado a la cárcel en noviembre de 1925. Tras los barrotes realizó una huelga de hambre, que asombraría a todos pues duró 18 días.

La presión popular hizo que Mella fuera liberado. Sin embargo, para evitar ser asesinado por la mafia machadista, tuvo que partir en enero de 1926 rumbo a México.

En aquel país completa su estatura continental pues se convierte en secretario general de la Liga Antimperalista de las Américas, fundador de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos y en miembro del Partido Comunista de México.

Viajó a Bélgica y la Unión Soviética, en ambos países denunció el triste panorama latinoamericano.

Ciertamente la realidad de Cuba y la de toda América desvelaban a Mella, enemigo jurado de Machado. Fue este tirano, probablemente, quien ordenó su asesinato, algo que se concretó aquel 10 de enero, hace 91 años.

En esta hora, al evocarlo, una frase suya resuena en muchos rincones de su tierra: “Hasta después de muertos somos útiles”.

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