Memorias de una combinada humana

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Por  Maité Rizo Cedeño | 27 abril, 2018 |
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Rey Rolando Rondón Tamayo, tres veces Héroe Nacional del Trabajo y nueve Héroe de la Zafra, dialoga con la Agencia Cubana de Noticias, en la ciudad de Bayamo/ FOTO Armando Contreras

El crudo sol del mediodía cubano lo sorprendió miles de veces en el cañaveral. Cortaba una, otra caña, machete en mano, y alzaba los trozos por encima de su cabeza hasta hacer un montón infranqueable.

Mientras, el sudor lo hacía brillar como si fuera plateado, y quien lo veía no podía creer que aquel blanquito, no muy robusto, tuviera la fuerza de una combinada, como luego lo llamaría Fidel Castro: una combinada humana.

      El rey del trabajo

A sus 66 años este Rey ya tiene el porte de los monarcas de los cuentos, aunque no tiene barbas, anda despacio y exhibe la majestuosidad de la edad y la experiencia. Un hombre colaborativo, servicial y dispuesto, así es Rey Rolando Rondón Tamayo, uno de los macheteros que más caña debe haber alzado en la historia azucarera de Granma y tal vez de Cuba.

“La historia de mi vida es un poco larga”, dice mientras se acomoda y comienza a contarla.
“Yo fui un joven muy laborioso: desde los 12 años empecé a trabajar junto a mi abuelo y mi tío en la cosecha de plátanos, en la granja Pedro Antonio Borrás, en la Comunidad de La Sal, perteneciente al municipio de Yara.

“Tenía que ayudar a  mi abuela, quien se hizo cargo de mi custodia y de mis cinco hermanos desde pequeños, y para eso nos levantábamos a las tres de la madrugada”. Aclara de inmediato: “Yo nunca me he dado el lujo de estar en la cama hasta las cinco o seis de la mañana”.

Con solo 16 años, decidió incorporarse a la Columna Juvenil del Centenario. Tenía que irse a trabajar a Camagüey: “Una decisión que le costó algo más que unos buenos regaños”, rememora entre risas.

Esos fueron sus inicios en la caña, y el comienzo de su vida como machetero, profesión a la cual dedicó “los mejores años de su vida”.

Rondón, como le llama la mayoría, estuvo en muchas brigadas, competencias, alzó caña una y otra vez, desde la salida hasta la puesta de sol, incluso en la madrugada, y en algún momento dejó de ser solo un hombre para convertirse en una máquina de trabajo.

“La zafra no era cosa de juego, requería mucho sacrificio, y durante varios meses tenía que olvidarme de la casa, la mujer y los hijos, para concentrarme en la necesidad de cortar caña y cumplir los planes.

Rondón Tamayo integró la brigada Héroes de Bolivia, una de las tropas insignias del país y en 1972 – los mayores recuerdan siempre las fechas-, se convirtió en el primer decimillonario dentro de esos grandes macheteros.

La cosecha de una vida

Tres veces alcanzó este Rey de los cañaverales la condición de Héroe Nacional del Trabajo, máximo galardón otorgado en ese momento a los trabajadores. “Me lo entregó Fidel”, y lo confirma la foto en la cual lo está condecorando el líder histórico de la Revolución cubana, “y también está firmado por Osvaldo Dorticós, el entonces presidente”.

“Cortando caña me convertí en Héroe de la Zafra en nueve ocasiones, logré la primera orden al mérito Julio Antonio Mella; participé en dos Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes, fui miembro del Buró Nacional de la Juventud; y estuve en las hoy extintas  Unión Soviética y Checoslovaquia, especifica.

En su retorno a la provincia natal, el actual territorio de Granma, Rondón se incorporó a la brigada Armando Mestre, de la construcción, y allí siguió como machetero; luego en la fábrica Saquenaf fue en varias ocasiones Vanguardia Nacional de la industria ligera, en la cual también aportó sus esfuerzos.

Muchos son los méritos que a fuerza de machete conquistó Rondón, de veras su vida es una historia larga y fructífera, como debe ser la de los revolucionarios.

Fotos con Fidel

 

Rey Rolando Rondón Tamayo (D), tres veces Héroe Nacional del Trabajo y nueve Héroe de la Zafra, es condecorado con la orden al mérito Julio Antonio Mella, impuesta por Fidel Castro, Líder Histórico de la Revolución, /FOTO Cortesía del entrevistado

Recuerda con orgullo inusual la ocasión en que mientras compartía con algunos de sus compañeros se le acercó un hombre alto, moreno y corpulento que vestía una guayabera blanca. Me tocó por la espalda y me preguntó: ¿usted es Rey Rolando Rondón Tamayo?

“Yo rápido le dije que sí, por si acaso había algún problema, sacó un carnet, me explicó que integraba la seguridad personal de Fidel Castro, y añadió: “Sígame, el Comandante en Jefe lo está esperando”. Imagínate esperándome a mí.

“Esa noche es uno de los recuerdos que conservo con mayor amor, comí con él, conversamos largo rato, incluso Raúl Castro me animó a bailar con Vilma, ¡porque ella quería un baile con la combinada humana!, según dijo entre risas.

Tengo varias fotos con Fidel, juntos comiendo, poniéndome una medalla…él era una persona excepcional.

“Hay quien nace con un don, y se convierte en un buen pelotero, ajedrecista, pero yo nací para ser machetero”, dice satisfecho cuando termina de mostrar las imágenes.

Aun sin tener esa distinción oficialmente, Rey Rolando Rondón Tamayo, es, para todos los que conocen su historia, un Héroe del Trabajo de la República de Cuba; y sin saberlo confirma esta idea al agregar: “Todavía me quedan algunas fuerzas, así que para lo que me necesiten aquí estoy”.

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