Mi ventilador ruso

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 8 junio, 2020 |
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Acerca tu risa al ventilador, para que se propague la carcajada. /foto BBC

Las altas temperaturas de enero confirman que Cuba es un eterno verano, por ello eché mano a una especie de librillo encontrado al azar, me abaniqué varias veces con él, hasta que la curiosidad por el extraño texto de su portada, detuvo la acción: “Ventilador Orbita 5. Manual del propietario”.

– ¡Coñoooo! -pensé- y cual música del recuerdo llegó a la memoria aquel radio VEF recibido en 1971 como trabajador destacado, con el que escuchaba los grandes éxitos de Nocturno.

Hurgué mentalmente en el baúl de otros recuerdos y llegaron la olla de presión INPUD, la lavadora Aurika, ¡Qué felicidad!, el reloj Raketa, el televisor Caribe, cuya pantalla pinté en tres tonalidades -rojo, amarillo y azul-, para disfrutar “a color” la puesta diaria de los muñequitos rusos ¡Deja que te coja!, La pastora y el deshollinador, Tío Estiopa, El cartero Fogón…

Era el tiempo de la carne rusa, de los cursos de идиома русо пор радио (idioma ruso por radio), el florecimiento de los Krim 218, cuando los niños dejaron de llamarse Wiliams, Charles, Henry, para nombrarse Mijaíl, Igor, Serguéi, Raisa, Liudmila, Vladimir…

Pero bueno, para entrar en materia satelital, volvamos al Órbita 5. Se trata de un pequeño ventilador, de plástico, casi irrompible, comercializado en nuestro país en la década de los ochenta, y según dicen, llegaron a Cuba para descongelar refrigeradores Minsk, sin embargo los vendían separados.

Concepto equivocado, que a fuerza de repetición se convirtió en verdad. Realmente estaban diseñados para comercializarlos de forma independiente, como se hacía en la antigua Unión Soviética.

El Órbita estuvo presente en casi todos los grandes momentos de la familia cubana: compañero de beca, confidente de oficina , secador de pisos, espanta mosquitos de la cuna del bebé y de la gente grande también, compañero de viaje al campismo popular…

Resultó muy bien recibido como regalo de bodas y al hablar de este tema recuerdo la anécdota relatada por mi amigo Yuniesky la noche que se casó. Era tanta la sofocación de ambos cónyuges -dijo-, que en pleno agosto, cuando estaban en el ajetreo propio del momento, cayó al piso el ventilador y ante la disyuntiva de a quién atender primero, si “al huevo o a la gallina”, dejó al aparato (ventilador) atrapado por una sábana, seguro de que al final de la batalla, sobreviviría a tal inconveniente.

El “Orbita” tenía tres velocidades, aunque solo le funcionaban dos. ¿Y la otra? Na’, cosas de los “bolos”, como le decíamos a los soviéticos. Tampoco escapó a la invención del cubano, pues aún en pleno deterioro funcionó como turbina de agua o para amolar tijeras y cuchillos.

Sobresalía por sus largas caminatas, lo enchufabas en la mesita de noche y al poco tiempo andaba como un polizonte por otro cuarto, por la cocina…, silencioso, para no molestar a nadie. Y tan dócil era que atrapabas las astas con las manos sin daño alguno.

Lo mejor del asunto es que 36 años después de su llegada Cuba, el Órbita 5 continúa su misión de hacer más refrescante y placentera la vida del cubano durante los días veraniegos de intenso calor. Koniec

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  1. Me reindo muchísimo con su artículo. Muchas gracias, jajaja. Tengo uno en la sala, como muchos otros perdió el plástico de atrás y arece un extraterreste, pero fuciona.

  2. Saludos Luis Carlos, interesantísimo este comentario acerca de los órbita, me retornaron a los años 8, como dices, época que marcó la vida de nuestra generación y que seguimos viendo con añoranza, a `pesar de los detractores de las relaciones con la antigua Unión Soviética, una época también de muchos sueños realizados. Felilicidades por tan jocoso pero interesante comentario.