Miradas a la cotidianidad

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Por Geidis Arias Peña | 15 enero, 2020 |
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Los más jóvenes señalan entre las indisciplinas sociales más frecuentes los daños al transporte público FOTO/ Autor desconocido

¿Crees que te comportas bien por qué tienes modales? ¿Te consideras una persona educada por qué hiciste estudios universitarios? ¿Piensas que te has convertido en un ejemplo de trabajador o ser humano porque conoces tus funciones o ayudas a quienes lo necesitan?

Quizás muy seguro responde usted que sí, y todo aquel que tiene en su entorno. Y nadie se equivoca, claro que somos personas educadas y cultas, poseemos algún grado de escolaridad, y educación de cuna, pero créame que no es suficiente  cuando de ser disciplinado se trata.

Si, amigo, ser disciplinado es casi siempre más necesario en nuestras vidas que pasar todo el tiempo como educado. Me explico, Podemos llegar tarde  a una cita de trabajo o personal y muy educado usted pide permiso o se disculpa, pero ya usted incumplió, no se libra de la imagen de impuntual si es un hábito.

Por ejemplo, otra circunstancia muy cotidiana, sucede que usted transita por la calle y vota papelillos, envolturas en cualquier lugar menos un cesto o como ciclista toma la senda incorrecta y casi choca, vuelve a pedir disculpas pero pudo ocasionar males mayores y en consecuencia quedó como el irresponsable, aunque suela ser muy educado.

El denominador común en tales situaciones está claro, se suele ser una persona con modales, preparada para asumir responsabilidades, y enfrentar los avatares de la vida; sin embargo obviamos nuestros actos en el día a día, y alentamos con las acciones cotidianas un ser indisciplinado.

No trato de convencerle de nada, solo de invitarle a reflexionar que dar las gracias, pedir permiso o disculpas, no justifican hechos intencionales, sino todo lo contrario, existen para salvarnos de tropiezos deliberados, sin pretensiones de haberlos cometido.

Se trata de concretar palabras, actuar de manera correcta, que no es más que asumir de manera correcta las normas que rigen a la sociedad, que van desde la simplicidad de votar un papelillo en el cesto y no en la calle, hasta llegar puntual a cualquier cita.

Cuando no conjugamos nuestro accionar y la educación que llevamos dentro, es muy similar a cuando decimos que nuestra mente anda por un lado y el corazón por otro, y para lograr estar bien, deben ir de la mano, con el fin de equilibrar las emociones con los hechos.

Si ahora mismo repasa su rutina, encontrará múltiples coincidencias con lo que le comento y, de seguro, usted, la persona de elegantes modales, es el dueño absoluto de ciertas indisciplinas, que la lógica dice que se pueden evitar.

Ahora miremos hacia la colectividad. Relájese y piense que las calles por las que transita cotidianamente están sin basura, con personas que conversan sin que nadie les interrumpa, balcones desde donde lanzan sonrisas y no jabitas con desperdicios o cabos de cigarro; música solo para el disfrute privado, sin agredir el tímpano de los vecinos; muros limpios, sin huellas de zapatos; respeto por el orden de la cola…

No es una utopía, es lo correcto, que no es sinónimo de perfecto como suelen decir muchos para justificar sus malas acciones.

Un sondeo periodístico realizado entre cien capitalinos, publicado por la centenaria revista Bohemia, en el año 2013, señala que pobladores de disímiles edades, ocupaciones y municipios, mitad del sexo masculino y mitad del femenino, sobre cuáles eran las cinco indisciplinas sociales y violaciones de normas de convivencia que más veían reiterarse en su cotidianidad, 98 por ciento señaló el botar basura y otros desechos en sitios inapropiados concediéndole un lamentable primer peldaño.

No hubo diferencias entre los grupos de edades al señalar como la violación más reiterada la basura y otros desechos fuera de lugar, pero como peculiaridad, en el caso de los ruidos, aquellos entre 15 y 25 años no la indicaron como la segunda de sus molestias. Quizás sea porque entre ellos se apunte la mayoría de los “ruidosos”, especialmente en cuestiones  musicales, reseña Bohemia.

A diferencia del resto, los más jóvenes marcaron en segundo lugar los daños al transporte público, que para la generalidad ocupó con 74 por ciento el cuarto peldaño, antecedido por la indisciplina de ensuciar o escribir paredes, y que especialmente molesta a los mayores de 60 años.

Insisto entonces en preguntar, ¿por qué se generan las indisciplinas sociales si somos educados?

El 92 por ciento de los interrogados por la revista Bohemia lo atribuye a la falta de exigencia por parte de las autoridades para hacer cumplir lo establecido, aunque este multifacético tema no puede quedar solo en manos de los agentes del orden.

La segunda causa por la que acontecen tales hechos, según la muestra con que Bohemia interactuó, resultó ser el individualismo y la escasa solidaridad, seguida en tercer lugar por la falta de exigencia sobre la propia ciudadanía.

Resolver ese tema de las indisciplinas sociales nos toca a todos los ciudadanos. Hacen faltan más hechos que palabras para construir una sociedad mejor, donde cada quien desde su espacio cumpla su papel protagónico con los mejores deseos.

Si usted, es maestro instruya hacia el bien colectivo; si es un directivo exprese mensajes de bien público; si es abuelo, padre o madre, simplemente eduque de manera disciplina a sus descendientes y verá como la vida se hace más llevadera.

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