Mirando a Fidel

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Por Osviel Castro Medel | 28 noviembre, 2016 |
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Fidel Castro RuzLo veo ahora infiltrado en los olores de los cedros de Birán, lo miro con el símbolo de un rombo que no ha caído de su cuerpo,   lo observo con  un aire rebelde, dilatados los  astros de sus ojos, sin decir que es un coloso… porque no hace falta.

Anda con un traje guerrillero, una montaña  sobre el pecho, una barba  inmensa que cristaliza tiempos, un discurso largo convertido en brújula.

Le miro ahora la niñez sacrificada en un Santiago que adoraba,  lo veo creciendo  en las lecciones del colegio de Belén hasta llegar a una Universidad que le hizo la estatura más grande.

Me fijo que trae en sus manos, después de tanto tiempo, la campana de La Demajagua; que anota canastas deportivas y sociales; que se enrola en una expedición en Cayo Confites.

Lo diviso encendiendo las antorchas que vindicaron  a Martí  en su centenario, y luego asaltando cuarteles con etiquetas “inexpugnables” para intentar zafarle a Cuba los grilletes.

Lo veo acusando a quienes lo acusaron.  Lo descubro navegando sobre un yate que rompe olas hasta llegar a sierras, llanuras, inmensidades y triunfos.

Le distingo la paloma que se posa en su hombro más allá de una playa en guerra, o de una crisis con misiles que ponen a temblar el universo.

Le pregunto a dónde va con tanta gloria en los latidos y me contesta, con Martí, que toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz

Sigue caminando con cicatrices recientes o lejanas,  con las ojeras del poema de Carilda, imperfecto como todos los humanos, imperecedero como los creadores buenos. Anda con un nombre que es horizonte y más, que todo, un futuro. Un nombre infinito y perdurable: ¡FIDEL!

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