El mundo entró por un tablero en La Habana

Share Button
Por Osviel Castro Medel | 26 octubre, 2016 |
0

olimpiada-497x518Hace 50 años el mundo entero puso los ojos en Cuba. El 25 de octubre de 1966, en el Coliseo de la Ciudad Deportiva, en la capital cubana, quedaba inaugurada la XVII Olimpiada de ajedrez.

El evento, concluido el 20 de noviembre, reunió a trebejistas de 52 países, número que en ese momento significó un récord para este tipo de certamen.

Cientos de aficionados se congregaron cada día en las afueras del hotel Habana Libre, sede de las partidas, para seguir las incidencias de la Olimpiada. Y es que muchos espectadores no cabían en el Salón de los embajadores y tuvieron que enterarse del desenlace de los cotejos mediante tableros gigantes, colocados en los exteriores de hotel.

Según el sitio Ecured, el elenco cubano estuvo integrado por el Maestro Internacional Eleazar Jiménez y los Maestros Nacionales Rogelio Ortefa, Eldis Cobo, Jesús Rodríguez, Silvino García y Hugo Santa Cruz. Estos “inexpertos” consiguieron clasificar a la ronda final, por el grupo A, junto a la representación de Hungría.

Esta grata sorpresa no pudo extenderse cuando se juntaron los equipos más fuertes, por lo que Cuba concluyó en el lugar 14, con 14 puntos.

La lid fue ganada por la Unión Soviética, con un equipo de ensueño en el cual militaban Tigran Petrosian, Boris Spasski, Mijail Tal, Leonid Stein, Víctor Korchnoi y Lev Polugaevski.

Los triunfadores acumularon 39,5 unidades, cinco más que los estadounidenses, quienes fueron encabezador por Robert Fisher. Este resultó uno de los ajedrecistas más populares del torneo; sus actuaciones eran seguidas hasta el delirio por los aficionados.

Otro de los hechos importantes fue la presencia en los escenarios de competencia del Comandante en Jefe, Fidel Castro, entonces Primer Ministro. El Líder de la Revolución participó en la gigantesca simultánea realizada el 19 de noviembre en la Plaza de la Revolución, que contó con seis mil 840 tableros.

Días antes, en el Palacio Presidencial, Fidel ofreció una recepción a todos los ajedrecistas, delegados y dirigentes de la Federación Internacional de Ajedrez. Fue entonces cuando se produjo una amena conversación entre Fischer, Stein y Fidel, que atrajo la atención de todos.

La Olimpiada, en resumen, puso a Cuba en la órbita mundial. Significó, además, un acicate al juego ciencia en nuestro país. A partir de ahí, empezó una ruta ascendente que nos Grandes Maestros de indiscutida clase.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *