Nacionalización de propiedades estadounidenses: respuesta necesaria

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 5 agosto, 2019 |
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El sábado seis de agosto de 1960, el entonces llamado Estadio del Cerro, hoy Latinoamericano, estaba colmado  de público aunque no para disfrutar de ningún juego de béisbol. La multitud asistía a la clausura del  Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, que tendría su punto culminante en el discurso del Comandante en Jefe Fidel
Castro, quien anunció la nacionalización de las propiedades yanquis en Cuba, como respuesta al claro rumbo agresivo que tomó EE.UU. contra la Isla.
Las Leyes del gobierno revolucionario incluían la confiscación de 26 compañías estadounidenses, tres refinerías de petróleo, los monopolios de la electricidad y del teléfono; así como 36 centrales azucareros, medidas que se realizaron en apego al derecho internacional y que incluían el pago de indemnizaciones en correspondencia con
negociaciones y acuerdos entre las partes.

Estados Unidos, en un gesto de prepotencia y en espera de la derrota de la Revolución, se negó a aceptar las condiciones de la Antilla Mayor y no negoció sus intereses nacionalizados.

Estas confiscaciones no obedecieron a especulaciones de los cubanos, ni a un ataque gratuito al poderoso vecino que para esa fecha cumplía con celeridad un programa con el fin de derrotar el proceso revolucionario con acciones de bloqueo económico, financiero y
comercial y un extenso programa de operaciones terroristas, de espionaje y alzamientos que deberían concluir en la invasión mercenaria de Playa Girón en abril de 1961.

El cuatro de marzo de 1960, explosiones provocadas en sus bodegas volaba por los aires al vapor francés La Coubre mientras descargaba armas y municiones en la rada habanera compradas  en Bélgica, con un saldo de 101 fallecidos.  Las investigaciones de las autoridades cubanas demostraron que el crimen respondía a una operación de la CIA.

El plan para socavar la Revolución incluyó la quema de plantaciones de caña por aviones piratas que provenían del Imperio, los sabotajes y acciones de bandas armadas y  de organizaciones contrarrevolucionarias en las ciudades   con la dirección y  apoyo material de los servicios secretos estadounidenses.

Otra de las acciones contra el proyecto social cubano fue anunciada el tres de julio del propio año por el presidente Dwight David Eisenhower, con el apoyo del poder legislativo, y consistió en rebajar la cuota azucarera, principal fuente de divisas de la Isla por
concepto de venta a La Unión, e incluía el rechazo de la compra de 700 mil toneladas ya producidas.

Para la economía nacional, diseñada de acuerdo con el designio neocolonial impuesto en los inicios de la seudorrepública en 1902 supeditada a los intereses norteños, la rebaja y posterior supresión de la cuota azucarera significaba un duro golpe, pero Washington se equivocó en sus apreciaciones sobre la capacidad de resistencia y respuesta del pueblo cubano y de su máximo dirigente Fidel Castro.

Al conocer esa acción  Fidel afirmó: “…en ese intento de irnos quitando la cuota, libra a libra, ¡le iremos quitando central por central! ¡y le iremos quitando, centavo a centavo, hasta la última inversión de norteamericanos en Cuba! y no solo eso, sino que, libra
por libra, ¡iremos suspendiendo todas las importaciones norteamericanas en Cuba! que el mundo es ancho y nosotros les compraremos a los que nos compren.”

Ese fue el contexto en el cual el Comandante en Jefe, al explicar las medidas dijo: ¡Cuba jamás volverá a ser lo que fue! ¡Cuba jamás le hará el juego a los intereses del imperio yanqui! ¡Cuba estará siempre al lado de los pueblos oprimidos!

Transcurridos casi 60 años del trascendental hecho, la actual administración estadounidense persiste en sus planes de reconstruir su sistema neocolonial, al esgrimir la Ley Helms Burton, con la cual ilusamente piensan recobrar lo que, desde aquel histórico
seis de agosto de 1960, es propiedad del pueblo cubano que durante varias generaciones ha sabido defender su Revolución.

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