Ni para coger impulso

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Por Yelandi Milanés Guardia | 24 agosto, 2018 |
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Cuba antes de 1959

Cuando pienso en Cuba y su situación antes de 1959, en la pobreza extrema, la profunda desigualdad, la insalubridad, y en los niños sin escuelas trabajando para ayudar a su familia, solo atino a recordar la famosa frase de que “para atrás, ni para coger impulso”.

En días recientes conversaba con un amigo sobre su criterio de que quizás con otro sistema político podríamos mejorar nuestros inconvenientes económicos, y ello me hizo reflexionar sobre las razones para seguir construyendo el Socialismo.

Una de las causas de nuestros problemas es el capitalismo Made in USA, el cual no tolera nuestra soberanía ni la coexistencia de otro régimen político diferente al suyo, expresado en el férreo Bloqueo contra la Isla.

La vida ha demostrado que no hay tal beneficio para los que reverencian e impulsan el capitalismo, porque quienes han seguido los consejos del Tío Sam han caído en un abismo económico del cual, en el mejor de los casos, les ha costado mucho recuperarse.

Aunque trato de abstraerme mentalmente no logro imaginarme aquí pagando la escuela de mi hija, ni los servicios recibidos en un hospital. Es una realidad que aunque para otros es normal, para nosotros es difícil concebirla.

Otras conquistas a defender es la tranquilidad ciudadana prevaleciente en Cuba, y la libertad de desandar las calles sin temor a ser asesinado ni secuestrado.

Tampoco podemos obviar que ante fenómenos meteorológicos como los huracanes, el Estado destina recursos y personal para proteger las vidas humanas, y luego del paso del mismo ayuda materialmente y financia hasta el 50 por ciento de los insumos de la construcción, para contribuir a la recuperación de los hogares.

Para el capitalismo, como bien refrenda su nombre, lo importante es el capital y las ganancias, el hombre es solo una máquina de carne y hueso necesaria para producir la inmensidad de productos demandados por el consumismo, el cual llevará, de no adoptarse medidas, al agotamiento de los recursos naturales.

Los mayores contaminadores del medio ambiente, los más guerreristas y los propagadores del hambre y la miseria en el tercer mundo son los países capitalistas, lo cual evidencia la voracidad y destructibilidad de un sistema que ha convertido la deuda externa, en un desembolso cada vez más creciente e impagable.

También en sus sociedades se fomenta la corrupción, el narcotráfico, el racismo, la delicuencia, la violencia y la competencia atroz, en la cual tu prójimo no es tu hermano, sino tu contrincante.

Se erigen líderes del desarrollo mundial, pero también ha profundizado grandes diferencias. Sus proyectos no los anima un sentimiento solidario, siempre hay detrás de cada inversión o intervención en un país pobre, un interés monetario o político.

 

Nuestro socialismo es perfectible, pero solo nosotros podremos darle el rumbo deseado, como lo estamos haciendo con la discusión popular del proyecto de nueva Constitución, lo cual constituye un proceso democrático que transformará y revolucionará la vida económica, social y política cubana, teniendo en cuenta las demandas y desafíos actuales.

En Cuba, como en nuestra casa, los problemas los debemos resolver con los de dentro, y no con la intromisión de los vecinos. Sabemos lo que nos falta, y estamos demandando el esfuerzo de todos para llegar a las metas propuestas.

 

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