“No me gustan los caminos trillados”

DIÁLOGO CON EL HISTORIADOR DE BAYAMO
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Por Yelandi Milanés Guardia | 20 julio, 2015 |
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Ludin Fonseca GarcíaDesde la primera vez que asistí a una conferencia de Ludín Bernardo Fonseca García, guardo las impresiones, que con el tiempo he confirmado: hombre sencillo y de carácter sociable; apasionado investigador de pensamiento inquieto, que sabe adónde va, lo que quiere y cómo obtenerlo.
Me llamó la atención su capacidad para honrar a los grandes, pues, como el Apóstol, comparto que quien no lo haga, no es digno de descender de ellos.

Su labor parece una fuente incontenible. De ello, dan fe dos décadas de trabajo investigativo, la publicación de 10 libros de su autoría, cantidad similar en calidad de coautor, y 51 artículos en medios de comunicación, 33 de estos en La Demajagua.

Ludín Fonseca ha sido galardonado con los Premios Premio provincial de Investigación Cultural La Filarmónica, 2006; La puerta de papel, 2008; Moneda del Año Internacional de la Paz, 2010; Premio José Maceo Verdecia, 2010, y Bayamo, 2012.

-¿Qué tan de cerca le llega su vínculo con la historia?
-En mi familia no existen antecedentes de personas que se hayan dedicado a trabajar la historia, ejercieran el oficio de historiador o de maestros. Quizás el vínculo más cercano provenga de mi mamá, quien me leía constantemente La Edad de Oro, el Popol Vuh y Oros viejos, con los cuales me he identificado.
“Durante el cumplimiento del Servicio Militar me incliné por la Licenciatura en Historia, aunque me formé como técnico medio en Edificaciones.
“Como historiador, después descubrí una intención en el tratamiento de la historia por parte de mi bisabuelo Francisco Salgado, primer teniente del Ejército Libertador y uno de los fundadores del espiritismo de cordón en Cuba. Él dejó para la posteridad manuscritos sobre el tema.

-¿En qué se desempeñó antes de ser historiador?
-Trabajé en el museo provincial Manuel Muñoz Cedeño. Allí me familiaricé con documentos sobre Bayamo y concentré en adquirir objetos de valor patrimonial para la institución, pero me consolidé como investigador en la Casa de la Nacionalidad.

-¿Cómo se define: escritor, investigador o historiador?
-En la actualidad es imposible separar la labor del investigador y el escritor. Es inadmisible que seas historiador y no escribas, no investigues. A veces no se considera al historiador como escritor. El reto está en demostrar que nuestras obras pueden ser leídas por un público amplio.”

-¿Es cierto que los libros son como los hijos?
-Aunque los libros se puedan llegar a querer mucho, nunca será tanto como a un hijo. Mis dos hijas tienen en mí un lugar especial.
Lo que uno sí tiene es amor por un libro, por una obra terminada. Eso es real. En mi caso, disfruté realizar el ensayo Elpidio Estrada: Vida y obra de un bayamés registrador de la propiedad, por la información que generó.

- ¿Cuál es el libro que ha leído con más pasión?
-Oros viejos, de Herminio Almendros, no cabe la menor duda; y El queso y los gusanos, del historiador italiano Carlo Ginzburg, porque marca una ruptura en la historiografía, y está muy relacionado con las nuevas formas de narrar la historia.

-Si debiera salvar algunos libros suyos ¿cuáles serían?
-En primer lugar el de Elpidio Estrada, para que las futuras generaciones de bayameses conocieran al otro Elpidio Estrada, y, Fidel Castro Ruz, itinerarios por la provincia Granma.
“Este último demostró algo muy importante: Fidel visitó los 13 municipios y en todos pronunció discursos, excepto en Cauto Cristo. Eso pone de manifiesto hasta dónde los territorios de esta provincia han estado en el corazón y en la mente del Comandante. Fueron más de 50 visitas.”

-¿Qué retos implica buscar esa novedad -a las cuales nos tienen acostumbrados sus escritos-, y hacer meditar al lector?
-No me gustan los caminos trillados. Cuando asumo una investigación, es porque hará algún aporte. No puede ser que hagas un refrito de algo hecho. Me gusta llegar a la profundidad y eso amerita tiempo y estudio.

-Por su experiencia como jurado en certámenes científicos, ¿Cómo valora la literatura histórica que se escribe hoy en Cuba?
-Debemos verla en dos aristas: lo que se escribe desde La Habana sobre el país, y desde las provincias y los municipios. Todas las incursiones que se hacen actualmente en la historiografía cubana, son aportativas.

-¿Estamos preparados para enfrentar cambios en la historiografía del país?
-Cualquier hecho histórico puede ser expuesto por un historiador, y no tiene por qué crear un trauma.
“Durante mucho tiempo estuvo el último diario de Céspedes guardado. Quien lo tenía nunca lo publicó, por temor a las valoraciones de Céspedes sobre algunas personas. Después decidió publicarlo y ¿provocó una alarma? No.
“Se han desmitificado muchas de estas cosas. Está claro que no puede haber una comprensión de la historia, y acercarla a la realidad si usted la mutila o cercena. Eso sí, debemos explicarla en su contexto, para una mejor comprensión. Ese es el reto de los historiadores”.

-De Bayamo, ¿Qué salvaría de historia, de cultura y de tradiciones?
-Son inatrapables los aportes de Bayamo al proceso formativo de la nacionalidad cubana. Decía el historiador José Maceo Verdecia, que para él, los dos grandes aportes de Bayamo a la historia de Cuba, fue la toma del 20 de octubre de 1868 y la quema del 12 de enero de 1869. Yo coincido.
“Ahora, si usted me dice ¿qué debemos salvar en la espiritualidad del bayamés?, yo creo que el espiritismo de cordón, que como manifestación de la religiosidad popular es único en el mundo, y surge en esta ciudad.
“Fernando Ortiz, uno de los descubridores de Cuba (el tercero), dijo que el espiritismo de cordón es un fenómeno cautero, refiriéndose a las márgenes del río Cauto, porque es nuestro, nos pertenece. Es nuestro gran aporte y no lo podemos perder.”
-¿Cuál es su frase favorita?

-Hay una frase que me gusta mucho. La dijo Francisco Vicente Aguilera, cuando le preguntaron cómo era posible que fuera a la guerra con la fortuna que tenía: ‘Nada tengo mientas no tenga Patria’.
“La otra, fue dicha por el primer historiador de esta ciudad, Enrique Orlando Lacalle: ‘Sobre sus ruinas calcinadas nació la patria cubana.’ Esa es una de las frases mas bellas y poéticas que se han dicho de nuestra ciudad.”

-Saturno Bruquetas Rosabal en la carta para donar a usted el buró de Orlando Lacaye escribió: por su honestidad, por su valentía y por su justeza le pido que lo reciba (el buró) con la sonrisa que seguramente él (Lacalle) le está ofreciendo ante tal decisión.

¿Qué significó recibir este obsequio?
-Un orgullo y un compromiso. Las actuales y futuras generaciones de historiadores, siempre estaremos en deudas con Lacalle, porque no hay una investigación desarrollada en esta ciudad, que no haya utilizado, aunque sea una vez, uno de los papeles recopilados por Enrique Orlando Lacalle.
“Si no somos capaces de aquilatar la contribución que él hizo a la historia de la ciudad, no somos justos ni con él, ni con la historia de Bayamo.”

-¿En qué obras trabaja actualmente?
-En el libro Bayamo, su toma, posición y quema; en la quinta edición del libro Bayamo, de José Maceo Verdecia; una biografía de Francisco Salgado, y una compilación de las cartas cruzadas entre Francisco Vicente Aguilera y Miguel Aldama, quizás la polémica con mayor repercusión sobre la Guerra del 68.

-¿Los colores de sus guayaberas?
-Mi teoría de los colores difiere de la interpretación popular. Tengo tres guayaberas: una blanca, una amarilla y otra azul cielo. Me las pongo en dependencia de la actividad que voy a enfrentar.
“Cuando el tema puede generar problemas, complicaciones, me pongo la amarilla. Si asisto a un evento protocolar, uso la blanca, y para enfrentar situaciones engorrosas, críticas y asumir posiciones de ataque, llevo la azul, porque es mi color preferido, y la fruta que más me gusta es la guayaba.”

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