Nobleza y gratitud del León de Oriente

Share Button
Por Gislania Tamayo Cedeño | 5 julio, 2019 |
0

Es uno de los hijos varones del matrimonio formado por Marcos Maceo y Mariana Grajales, nace el 2 de febrero de 1849, en Majaguabo, San Luis, demarcación de Santiago de Cuba. Desde niño, era fuerte y robusto, condición que le valió para demostrar sus dotes de estratega militar en los años posteriores cuando supo muy bien manejar el machete a la zurda y el revólver a la diestra.

Desde niño se dedica a las labores del campo bajo la instrucción precisa de sus padres. La monta de caballos, la caza silvestre, el uso del machete como arma  de defensa, la madurez y pericia  de su pensamiento son factores que influyen para que se convierta en un verdadero guerrero y en un experto tirador.

La honradez, la modestia y sencillez, así como el amor a la patria y las ansias de libertad  que se respira en el hogar de los Maceo- Grajales hace que dos días después de iniciada la Guerra de los Diez Años en La Demajagua se incorpore a la lucha por la independencia de Cuba con tan solo 19 años junto a sus hermanos Antonio Maceo y Justo Regüeiferos Grajales.

Apodado como El León de Oriente participó en las tres guerras por la independencia de Cuba contra España. Alcanzó los mayores honores dentro del campo insurrecto y de soldado llegó a ostentar los grados de Mayor General del Ejército Libertador.

Su valentía, impaciencia, astucia lo convierten en un verdadero guerrero y en uno de los patriotas más reacios de las filas cubanas que luchaban en la contienda.

En Mangos de Baraguá vivió con su hermano Antonio la indecente propuesta de los españoles para terminar la guerra sin lograr la verdadera independencia. Allí estuvo ante la rotunda negativa de NO, Nos entendemos.

En sus alrededor de 800 combates  siempre iba al frente de su tropa, revólver en mano demostrando su grandeza, su audacia y valor. Sufrió  prisiones, destierros, intrigas pero nada de esto impidió la formación de un carácter crudo, brutal, inclemente.

Solo la muerte pudo impedir que continuara batallando por la libertad de su patria aquel 5 de julio de 1896 en Soledad, en Ti Arriba, luego de haber sido mortalmente herido en la Batalla de Loma del Gato, en Santiago de Cuba, y trasladado a ese lugar.

Máximo Gómez, el Generalísimo, al saber de su muerte en combate, en carta a su esposa Bernarda Toro, Manana, escribió: “Era preciso haber conocido bien a fondo el carácter de aquel hombre sin dobleces, y de rústica franqueza para poder estimarle y estimar su cariño cuando lo demostraba. El general José era todo verdad y por eso para muchos aparecía amargo”.

Y más adelante afirmaba: “Descubrí en él la grande y noble gratitud del león que la historia cuenta y entendía la grandeza de su valor admirable e intrépido cual ninguno. El español más cruel rendido al General en mitad de la refriega más sangrienta, podía contar con la vida”.

…” De suicidio glorioso se puede calificar esta manera de morir.” Así definió Fermín Valdés Domínguez  la fatal muerte del General José Maceo, descendiente de una familia de titanes que jamás dio un paso atrás en el camino de la Revolución.

Mientras su hermano Antonio, adolorido por la pérdida, nunca dejó de afirmar: “Vivo por mi hermano José”, en gesto de profundo agradecimiento al hermano caído en combate.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *