Nubes negras en Santa Rita (+ fotos)

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Por Orlando Fombellida Claro | 9 junio, 2018 |
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Planta de hormigón asfáltico de Santa Rita/ FOTO Orlando Fombellida Claro

Mientras está en funcionamiento, la planta productora de hormigón asfáltico caliente Tomás Díaz, de Santa Rita, en Jiguaní, exhala por su chimenea  un grueso y denso chorro de humo, unas veces negro, otras gris.

Al salir del cilíndrico y vertical conducto, la fumada toma forma de nube y se dirige hacia donde sople el aire, para luego descender sobre las hojas de los árboles, plantíos y viviendas.

La cantidad de tizne que emite en la actualidad la instalación incrementa el malestar de los vecinos y sus quejas al Órgano de gobierno, Salud Pública y representantes del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), en el municipio, los cuales han tomado cartas en el asunto.

Ángel Joaquín Tamayo Sánchez, vecino cercano de la Tomás Díaz/ FOTO Orlando Fombellida Claro

“Cuando hay virazón del viento para acá, lo que cae aquí es terrible, una ceniza pegajosa que parece aceite”, cuenta Ángel Joaquín Tamayo Sánchez, de 67 años de edad, quien, junto a su mamá y dos hermanas, han vivido siempre a unos metros de la Tomás Díaz.

Esa situación, añade, obliga a tener las viviendas cerradas, cubrir las camas con nailon y tener que echar mucha agua al cesar la indeseada llovizna asfáltica.

Luis Alberto Acosta Montero/ FOTO Orlando Fombellida Claro

Luis Alberto Acosta Montero refiere que hace unos días trabajó en una casa del barrio situado a la derecha  de la planta, la cual lanzaba mucho humo negro que le impedía realizar labores de soldadura “y nos llenaba la nariz de carbonilla”.

Carlos Estrada Pérez, jefe de colectivo de elaboración,  explica a La Demajagua que la Tomás  Díaz “es viejísima”  y en ella el proceso productivo se hace con  la combustión de fuel- oil,  para el secado, en un tambor metálico, de los áridos a mezclar.

Estrada Pérez expone que cuando los materiales están húmedos, requieren más tiempo de desecación y por ende de quema de combustóleo,  y con ello aumenta la cantidad y el tiempo de emanación de humo negro.

Secado de áridos en un tambor metálico, mediante la combustión de fuel-oil, el combustible más pesado de los que se pueden destilar a presión atmosférica/ FOTO Orlando Fombellida Claro

La mencionada planta de asfalto fue montada a principios de la década de los años 60 del pasado siglo y “siempre ha echado humo, pero es menos si los áridos están secos y el petróleo (fuel-oil) es bueno, pues a veces traen uno que es aceite, pintura”, asevera su operador de caldera, hace 38 años,  Juan Carvajal Pérez.

Desde hace varios años, se le presta especial atención  al impacto causado al entorno por la Tomás Díaz,  asegura Clara Martha Escalona González,  especialista municipal, en el territorio, del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma).

En cumplimiento a recomendaciones de ese organismo,  fueron sembrados árboles en las áreas aledañas a la planta, y ejecutaron acciones para mejorar su eficiencia tecnológica.

Asimismo,  se realizaron tareas encaminadas a  solucionar los problemas  de emisión de polvo a la atmósfera y baja eficiencia en el proceso de mezclado, defectos en la chimenea, salideros en las redes de vapor, en las de asfalto, de combustible y el mezclador,  además de deficiencias en el quemador y en el elevador de áridos.

En el año 2015, la planta fue paralizada durante casi tres meses y se reparó el colector de polvo, el secador, el mezclador  y la vía húmeda (mojado de los áridos para  evitar la salida de polvo),  instalaron  electrofiltros en la chimenea y aumentó la altura de esta.

La Máster en Ciencias, arquitecta  Liana Sosa Hernández,  directora técnica de la Empresa de Construcción y Montaje Granma (ECMG), a la cual pertenece la referida planta, expone que en dos kilómetros alrededor de una productora de asfalto caliente,  no debe haber viviendas.

Juan Carvajal, el operador de caldera antes mencionado, dice que en la época en que fue instalada  la Tomás Díaz, en sus proximidades había pocas casas. Mientras, Ángel Joaquín Tamayo asegura que a la derecha había varias.

Lo cierto es que son muchas las moradas cerca de la planta, varias de reciente construcción e incluso en proceso, cuya ejecución alguien autorizó.

Ahora no se trata de determinar quién fue primero, si la gallina o el huevo, sino de enfrentar el problema de contaminación allí  de la mejor manera, subraya la representante del Citma en Jiguaní.

“Al montarse la planta tenía dos kilómetros de radio en los que había algunas casas,  fundamentalmente de campesinos, no asentamientos poblacionales, pero con el tiempo el pueblo fue creciendo hacia ella y hoy hay casas puerta con puerta, patio con patio”,  manifiesta Liana Sosa Hernández.

Sosa Hernández  reconoce  que no obstante la reparación,  la instalación contamina el entorno y para solucionar el problema, “en el programa de la Tarea Vida para el enfrentamiento al cambio climático,  elaborado por su entidad,  está propuesta  reubicar las plantas de hormigón asfáltico caliente de Jiguaní y Manzanillo, e introducir tecnología móvil y ecológica”.

Ramón Hernández Ávalos, director de la ECMG, reconoce la afectación medioambiental que causa la  instalación  e informa que para mitigarla, a las acciones  de los años recientes se sumará la sustitución de la cinta transportadora de materiales y compra de lona para cubrirlos y evitar que se humedezcan cuando llueva.

“El municipio apoya en la microlocalización de un área para la reubicación de la planta, que una vez definida debe ser cancelada y no se permita hacer en ella ni una cueva de ratones. A partir de ahí se acometerán de inmediato los pasos siguientes”, remarcó Hernández Ávalos.

Aunque Juan Carvajal piensa que la planta no sobrevivirá al desmontaje  y reubicación, por su edad e inexistencia de piezas de repuesto, esa es una de las soluciones viables para eliminar la contaminación medioambiental que ahora ocasiona, por lo que los encargados de localizar dónde situarla, deben hacerlo con premura.

Lo ideal  sería sustituirla por una planta ecológica, cuya adquisición no está al alcance de la ECMG, sino al más alto nivel del país, en dependencia de las posibilidades financieras para hacerlo.

Mientras, no deben demorar los paliativos que disminuyan las bocanadas exhaladas por la planta de asfalto de Santa Rita, y sus indeseables efectos en el entorno y sus moradores.

 

 

 

 

 

 

 

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