Nuevos gritos de ¡Viva Cuba libre!

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Por Yelandi Milanés Guardia | 24 febrero, 2019 |
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En una fría mañana del mes de febrero de 1895,  nuevamente se escuchó en los campos de Granma el trepidar de las armas mambisas y los gritos de ¡Viva Cuba libre!

Tras un reposo turbulento volvieron a tronar los fusiles y a tintinar los machetes redentores. Era el día 24 y casi moría el mes, mas renacía el germen independentista y libertario en una guerra, más que nunca necesaria.

La paciente y minuciosa labor organizativa de José Martí, al frente del Partido Revolucionario Cubano (PRC), permitió el reinicio de la audaz lucha del pueblo cubano por conquistar sus derechos de libertad y soberanía.

La nueva página de nuestra historia guerrera se iniciaba como resultado de la unión de voluntades entre los patriotas del exilio y los conspiradores del interior del país.

La epopeya fue prestigiada por nombres , según refiere el historiador Aldo Daniel Naranjo, como el de Bartolomé Masó, Jesús Rabí, Esteban Tamayo, Saturnino Lora, Florencio Salcedo, José Reyes y Dominador de la Guardia. Ellos y muchos más salieron, este glorioso día, como feroces titanes a los campos de batalla.

“El principio del alzamiento simultáneo se cumplió en casi la totalidad de los sitios sublevados, sobresaliendo Bayate, Calicito,  Cayo Espino,  Barrancas, Loma del Gato, Valenzuela, La Estrella, Santa Cruz, Dos Ríos y Baire”.

En los días subsiguientes se ocuparon otras comarcas granmenses. Los insurrectos también tuvieron que librar una recia batalla contra la corriente autonomista, la que tan pronto sonaron los primeros tiros puso su maquinaria ideológica a favor del colonialismo.

Entre los jefes mambises primaba el criterio que las armas que no poseían se las quitarían a los españoles.

Martí, principal organizador, anhelaba una guerra rápida para que hubiera el menor número de víctimas, y sin odio hacia el español honorable y respetuoso de Cuba, pero bien claro dejó en el Manifiesto de Montecristi, su programa de lucha: “La guerra no es (…) el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior, para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro”.

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