Operación Peter Pan: expresión de guerra no convencional contra Cuba

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Por Agencia Cubana de Noticias (ACN) | 20 enero, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

Un hecho propio de un pasaje de ciencia ficción ocurrió un día de 1960 en la playa de Guanabo, al este de La Habana, cuando una mujer al borde del paroxismo alertaba a sus vecinos sobre la inesperada llegada de camiones al poblado con el fin de recoger a los niños y embarcarlos en un carguero soviético para llevarlos a Rusia.

   Al no conseguir seguidores que compartieran su desasosiego siguió en su fuga improvisada para salvar a sus hijos del supuesto adoctrinamiento allende los mares y dicen que desde ese día, no se supo más del destino de ella y sus descendientes.
Más allá de la narración inspirada en un testimonio del documentado libro Operación Peter Pan. Un caso de guerra psicológica contra Cuba, de los cubanos Ramón Torreira y José Buajasán, en 1960 ocurrieron otros miles de hechos similares como consecuencia de una de las primeras campañas de guerra no convencional llevadas a cabo por Estados Unidos contra la Revolución cubana.
Esa maniobra tenía el nombre del personaje de la famosa obra infantil de James Matthew Barrie.
La Operación Peter Pan perseguía como objetivo principal sembrar la desconfianza hacia el nuevo poder y quebrar el apoyo mayoritario a la Revolución, al estimular los prejuicios sembrados por la propaganda anticomunista en el pueblo y que a menos de dos años del triunfo de la del primero de enero de 1959, todavía estaban muy presentes en la sociedad.
   Esa manipulación promovía el mensaje de que el gobierno, en manos del comunismo internacional y la URSS, eliminaría la Patria Potestad de los padres y en su lugar el Estado tomaría a sus hijos bajo custodia en escuelas, separados de la familia.
   La CIA adecuó a la situación cubana una doctrina de campañas subversivas o de la llamada guerra no convencional que llevaba adelante desde el inicio de los años de 1950 contra la URSS, la República Popular China y los países socialistas europeos.
  En 1953, un grupo de prisioneros estadounidenses liberados por la República Popular Democrática de Corea (RPDC), después del armisticio que culminó la guerra, al regresar a EE.UU. expresaron críticas a su gobierno, y algunos inclusive se mostraron solidarios con esa nación asiática.
  Esta situación motivó gran revuelo en Washington y originó una gran campaña mediática que explicaba los cambios de los ex prisioneros por haber sido víctimas de torturas mentales, con la utilización de drogas aplicadas por médicos chinos y rusos que les cambiaron la forma de pensar.
  El líder de esa maniobra fue Edward Hunter (1902-1978), un escritor, periodista y propagandista anticomunista, quien colaboró con la inteligencia estadounidense y escribió varios textos fundamentales para dar cierta verosimilitud a esas hipótesis que acuñó con el término de “lavado de cerebro”, supuestamente realizado como método para tratar a los disconformes y prisioneros occidentales en la URSS, la China comunista y los estados socialistas.
  Desde entonces, el término del “lavado de cerebro” pasó a reproducirse bajo los auspicios de la Casa Blanca de forma exponencial en materiales de prensa, filmes, investigaciones médicas por todo el mundo, receta  que se aplicaría en el programa contra los niños cubanos.
  Para el desarrollo de la Operación Peter Pan, las múltiples organizaciones contrarrevolucionarias dirigidas por la CIA en el archipiélago cubano durante el convulso 1960 divulgaron el embuste y llegaron al extremo de agregar que los menores, además de ser llevados a Rusia, corrían el peligro de ser convertidos en esa nación en carne en conserva, algo increíble de concebir pero que fue creído por muchos padres intoxicados por esa propaganda.
  Para aportar mayor concreción a la mentira inclusive se reprodujo, en una imprenta controlada por la contrarrevolución, una falsa ley firmada por el Consejo de Ministros para derogar la Patria Potestad.
   Como dato curioso vale recordar que al ser descubierto el lugar por las autoridades, junto con la ley se ocuparon fotos y textos pornográficos de bajo costo propios de las llamadas novelas de relajo de la época, negocio al que se dedicaban los dueños de la imprenta cuando no estaban ocupados en la impresión de propaganda contrarrevolucionaria.
  Además, los medios de prensa de la Florida, y en especial la llamada Radio Swan, dirigida directamente por la Central de inteligencia yanqui, replicaron hasta el cansancio las matrices favorables para sembrar el terror y la desesperación en padres cubanos.
  La otra parte de la operación fue la creación de condiciones por la embajada estadounidense en La Habana para los trámites de visas especiales y la salida de vuelos con los niños enviados a un destino incierto en los Estados Unidos, donde fueron ubicados en casas e instituciones de acogida organizadas por las autoridades con la complicidad de sectores reaccionarios del clero nacional y de Miami.
   Como consecuencia, alrededor de 14 mil menores viajaron desde 1960 y hasta 1962, en que presuntamente culminó la Operación, según informaciones aportadas por participantes en ese programa.
   Muchos de esos infantes pasaron largos años recluidos en centros de acogida, especie de orfanatos, sin reunirse con sus padres que, como aquella desesperada madre de la playa de Guanabo, fueron víctimas de una cruel manipulación de los sentimientos filiales con los que comenzó la política agresiva contra Cuba.(Por Jorge Wejebe Cobo, ACN).

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