Donde se es más útil

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 4 julio, 2020 |
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FOTO/Perfil de Yamila en Facebook

Hará tres meses que Yamila se despidió de sus hijos y de su familia. No por placer, sino por oficio; por puro y sacrificado humanismo, porque sentía que le tocaba estar allí, donde sería más útil.


Partió como todas las madres y esposas que se alejan a cumplir misión solidaria como parte de una brigada médica, con el corazón angustiado, encogido, los ojos llorosos y repitiéndose, una y otra vez en su memoria, el último recuerdo de sus seres queridos, para que no los disipe el tiempo.

Las fotos en el celular, las impresas y hasta la estampita de la Virgen de la Caridad del Cobre se convirtieron en pequeños salvavidas, para sortear aquel océano de sacrificios
durante su trabajo como enfermera en un estado de México, atendiendo a pacientes con la Covid-19.

La estrechez de la litera, la incomodidad del remolque, la inusual cultura alimentaria, unido a las extenuantes jornadas de trabajo, fueron minimizados, gracias al amor y al aliento de sus seres queridos, a pesar de la distancia.

Ella, que se reconocía en ocasiones frágil ante determinadas situaciones, había tenido que imponerse a los retos y fortalecer su mente, su cuerpo y su espíritu.

Su vida, estaba consciente, dependía del tortuoso y obligatorio protocolo que debía seguir para colocarse el traje protector y quitárselo al culminar su faena: primero una prenda, lávate las manos, fumiga; la segunda, lávate las manos, fumiga; la tercera, lávate las manos… así, hasta que al final, desprovista de atuendos, la volvían a fumigar.

Evidentemente, una sofocante y necesaria rutina, inviolable para conservar la salud, esa por la que tanto les suplicaban sus seres queridos por Facebook o Whattsapp.

Las demandas, vale recordar, eran recíprocas: ¿Comiste?, ¿cómo están portándose? Cuídense. He ahí la palabra clave tras cada despedida. Un cuídense que sale de lo más hondo del corazón, como queriendo salvarlos de todo y de todos.

Más de una vez sintió flaquear sus fuerzas, esencialmente ante la pérdida física de algún paciente, o en fechas sensibles de su calendario familiar, como el cumpleaños suyo
y de uno de los hijos; el Día de las madres y de los padres, y hasta otras efemérides, como el Día de la enfermería cubana, de tradicional festejo entre los colegas del Hospital provincial Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.

Hará tres meses que Yamila se despidió de sus hijos y de su familia. No por placer, sino por oficio; por puro y sacrificado humanismo, porque sentía que le tocaba estar allí, donde sería más útil, pese a la distancia, a los obstáculos, probándose como enfermera, como mujer, como cubana.