El Che que queremos vivo

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Por Sara Sariol Sosa | 6 octubre, 2017 |
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Por estos días, en que los cubanos han acentuado su tributo al Comandante Ernesto Che Guevara, a propósito del cercano aniversario 50 de su desaparición física, han vuelto a organizarse en fábricas y entidades, talleres sobre su pensamiento económico.

Y no podría suceder de otra manera. En tiempos en que la actualización del modelo económico nacional, trasciende como principio estratégico de desarrollo, su pensamiento, suerte de conjunción entre teoría y praxis, sigue siendo citado por muchos, aunque no siempre imitada por todos.

Sus ideas fueron determinantes en los primeros años de la Revolución, momentos en que muchos contadores públicos y otros técnicos administrativos se fueron  al extranjero con los antiguos dueños de empresas y fábricas, y el país estaba necesitado de métodos y personal económico.

Fue precisamente el Che, con su ejemplo y su control diario, el principal educador en cuestiones económicas, con conceptos que han trascendido a la actualidad, y a los cuales no pocos recurren al hablar de economía, control, contabilidad…

Comprendía él que la nueva sociedad era el resultado de un proceso progresivo de transformación de las estructuras sociales, de las cuales, inevitablemente, surge aquella y que por tanto las posibilidades de transformar al hombre estaban más que por llamadas a la conciencia, por la transformación de las relaciones sociales de producción y la correcta selección de las palancas motivadoras de su acción.

Fue el Che impulsor principal de la implantación de la planificación, ese principio tan llevado y traído, que no aterriza definitivamente en la consciencia y el accionar de todos, y que tempranamente fue consideraba por el revolucionario como el punto más débil de la llamada economía política socialista.

“La planificación debe calificarse como la primera posibilidad humana de regir las fuerzas económicas”, alertaba.

Artífice como fue, de los métodos de control y supervisión, y creador de un sistema de formación de cuadros para la economía digno de estudio, entendía entonces que, entre las cualidades a tener, cultivar y desarrollar el cuadro para dirigir en la Revolución cubana, estaban el valor del ejemplo, la austeridad, el capacitarse constantemente, el permanente contacto con la masa, y sentir el trabajo como una necesidad normal.

La más elocuente expresión de la vigencia del pensamiento guevariano, fue dada por el Comandante en Jefe Fidel Castro, en el XX aniversario de la caída del Comandante guerrillero:

“(…) si conociéramos el pensamiento económico del Che, estaríamos cien veces más alertas, incluso, para conducir el caballo, y cuando el caballo quiera torcer a la derecha o a la izquierda (…) darle un buen halón de freno al caballo y situarlo en su camino, y cuando el caballo no quiera caminar, darle un buen espuelazo. “Creo que un jinete, vale decir un economista, vale decir un cuadro del Partido, vale decir un cuadro administrativo armado de las ideas del Che, sería más capaz de conducir el caballo por el camino correcto”.

“Tengo la más profunda convicción –agregaba- de que si se ignora ese pensamiento difícilmente se pueda llegar muy lejos, difícilmente se pueda llegar al socialismo verdadero, al socialismo verdaderamente revolucionario”.