Feliz en 3D

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 9 septiembre, 2020 |
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FOTO/Anaisis Hidalgo Rodríguez

Hace unos días un colega compartía la idea de crear en la placa de su casa una pequeña piscina, ¿para alquilar?, pensé yo;  pero nada que ver, fines más nobles movían aquella  propuesta.

La iniciativa, aclara mi interlocutor, gravitó en su mente luego de apreciar a su nieto, casi por diez horas, disfrutar de aquellas aguas mansas  sin acordarse siquiera de su adicción por el celular. ¡Todo un suceso!

Ciertamente, todos, y me incluyo, celebramos con asombro la habilidad con que nuestros hijos acceden solos a los juegos, canciones y videos desde un teléfono móvil, o un tablet, y que los iniciamos prematuramente  en el uso de las nuevas tecnologías, amén de las  nefastas consecuencias, dígase:

contracturas cervicales, calambres en brazos y manos; irritación ocular, insomnio, bajo rendimiento escolar; problemas de obesidad, dificultades  de la metabolización de la vitamina D y conductas agresivas, entre otros.

Para contrarrestar estas consecuencias, se recomienda supervisar el tiempo que nuestros hijos destinan a los teléfonos móviles y tablets, de imponer límites y horarios de uso que por la misma vorágine de nuestras actividades hogareñas y laborales descuidamos.

Lo ideal, sería tener estas sugerencias y no precisamente de almohada, para prevenir que nuestros hijos incurran en el uso desmedido del celular, pero, ¿qué hacer cuando el mal ya está hecho, cuando ya nuestros hijos son adictos a él?

La idea de mi colega se quedó  revoloteando en mi mente; comprendí que a veces no tienes otro camino que  “moverle” el juego a tu hijo y moverlo al juego; en otras palabras, cambiarle los intereses aunque ello implique construir una pequeña piscina.

Por diez horas el niño de esta historia socializó con sus similares en una pequeña piscina, nada espectacular, apenas un rectángulo revestido y relleno con agua; chapoleteó con sus semejantes y fue feliz, él, sus pad