Hora crucial

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Por Osviel Castro Medel | 21 abril, 2018 |
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El enorme interés suscitado en todo el país por la Sesión constitutiva de la IX legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular fue otra demostración de que el pueblo de Cuba, acaso como ningún otro, está muy conectado con la política.

Pero también reveló las expectativas generadas por un hecho trascendental, pues se trata del cambio estratégico del batón de mando, cuando, por fortuna, todavía está físicamente la generación histórica de la Revolución.

Claro, en todo caso, lo esencial después del cambio ocurrido esta semana es que entendamos que no se trató de la entrega de una antorcha a una generación exclusiva de personas más jóvenes, sino a sucesivas generaciones de revolucionarios, que deberán hacer viable hasta la eternidad un proyecto con luces, pero también con sombras.

Ese relevo simbólico nos conduce a revivir un concepto repetido por Fidel y por Raúl: la Revolución jamás será sostenida por un individuo -al margen de la autoridad que posea- ni siquiera por un grupo de vanguardia.  Tiene que ser defendida y alimentada por grandes mayorías.

Lo primordial radica, también, en comprender que el poder se ha de ejercer fundamentalmente “desde abajo” y desde las instituciones garantes de la continuidad del socialismo en nuestra patria, algo fácil de escribir pero no tan fácil de lograr.

Sabemos que todavía necesitamos participar más, involucrarnos más, confiar en las fuerzas de los mandatos populares, refrendados en la Constitución, para cambiar “todo lo que deba ser cambiado”, frase convertida por algunos, de manera lamentable, en un cliché.

El Che, al escribir su famosa carta-ensayo a Carlos Quijano, conocida como El socialismo y el hombre en Cuba, en el lejano 1965, subrayaba la importancia de un personaje imprescindible en el proceso revolucionario: la masa, sujeto transformador en la larga lucha por conquistar la utopía.

Y acotaba que cuando las autoridades estatales toman decisiones erradas se producen desencantos temporales en ese conglomerado, un precepto que conserva plena vigencia.

Tal postulado no puede perderse de vista en Cuba para quienes dirigen, no solo en las grandes esferas, sino también en los niveles intermedios o en la llamada base, instancias en las que muchas veces se deciden cuestiones vinculadas a la satisfacción diaria de los ciudadanos.

El jueves 19 de abril, mientras asumía como nuevo presidente de los Consejos de Estado y de Ministros,  Miguel Díaz-Canel se refería, entre otros aspectos, a los errores e improvisaciones que irritan a la población, una alerta válida para aquellos que  diariamente se relacionan con el pueblo.

Y hablaba de la importancia del “vínculo constante con la población”, un precepto que requieren llevar a la práctica todos los funcionarios de esta nación, sin excepción alguna.

No son pocos los que, fuera del país, comienzan a maquillar viejas teorías y reviven al tristemente célebre Mijaíl Gorbachov; pero olvidan que el socialismo en la Unión Soviética no se desmerengó por el índice de un dirigente, sino por pifias colosales en la construcción del socialismo, como la doble moral, el acomodamiento de los cuadros, la desconexión con las masas, el culto a la personalidad, el verticalismo excesivo, el descuido de la economía y otras muchas que hemos de evitar en nuestra realidad.

De nosotros, los que hacemos el país, dependerá la pulverización de esas teorías de “ruptura” y “la era post…” En primer orden, es imprescindible la unidad, como reafirmaron hace dos días Raúl y Díaz-Canel. Una unidad que no significa estar de acuerdo con todo siempre.

Qué hermoso una sesión de la Asamblea el 19 de abril, fecha de la victoria de Girón, cuando ya se había proclamado el socialismo. Qué reconfortante que el nuevo Parlamento se haya instalado el 18 de abril, día del natalicio del Padre de la Patria, cuya vida de azares demostró que desunidos no podríamos alcanzar la cumbre esperada.

Por él y su obra, inaugurada hace 150 años, deberíamos juntar las manos, decir las verdades en todos los escenarios, hacer por Cuba en esta hora crucial.