Nada nuevo bajo el sol

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Por Luis Morales Blanco | 19 marzo, 2021 |
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Al ser presentado como secretario de Estado ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, Anthony Blinken despejó muchas dudas acerca de cómo sería la política de la administración Joe Biden.

Pronunció un discurso aparentemente pausado, respetuoso; en realidad hostil, de disimulado nacionalismo  furibundo, despectivo hacia todo lo ajeno al modo de vida norteamericano.

El clásico puño de hierro en guante de seda, con el egocentrismo característico de la mayoría de los estadistas y personalidades norteamericanos: Blinken esgrime la doctrina Monroe (América para los americanos) amplificada para todo el orbe.

Vale la pena citar sus palabras: “La realidad es que el mundo simplemente no se organiza a sí mismo. Cuando no estamos comprometidos (los yanquis) o no estamos liderando, es probable que suceda una de dos cosas: o algún otro país intenta tomar nuestro lugar, pero no de una manera que pueda promover nuestros intereses y valores; o, tal vez igual de malo, nadie lo hace, y nos encontramos con el caos”.

Ese primer mensaje esta preñado de malos presagios y amenazas cuando alude al Gigante asiático… compadre, si China no se ha metido con EEUU, al contrario, lucha por elevarse, política, tecnológica e industrialmente y solo responde a sanciones y presiones de las sucesivas administraciones norteñas.

Cuando Blinken  habla de revitalizar las alianzas fundamentales de su país bajo el manto de “multiplicadores de fuerza de nuestra influencia en todo el mundo”, el pensamiento vuela a los 29 integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)  sumados a Israel, Australia, Japón y Corea del Sur…

Porque asevera que juntos, están mucho mejor posicionados para contrarrestar las amenazas de Rusia, Irán, Corea del Norte y defender la democracia y los derechos humanos. ?¿

“Tonito” mantiene  la seguidilla contra Cuba, Venezuela Nicaragua…reconoció al impostor Guaidó  como presidente interino de Venezuela y ya no coquetea con lo más recalcitrante de la ultraderecha miamense, ahora la adula como ocurrió con la representante María Elvira Salazar.

Ella chancleteramente, como acostumbra, le arrancó la promesa de que cualquier decisión sobre Cuba sería consultada con la comunidad cubanoamericana en EEUU; él sonreía, pero  con ganas de llorar como un escolar pillado in fraganti.

Recordemos las trifulcas armadas por la también   periodista Salazar en los debates  nada imparciales que moderaba  en Mega TV en uno de los cuales fue vapuleada por Edmundo García cuando apuntalaba a su pupilo, el desenmascarado contrarrevolucionario José Daniel Ferrer.

Mención aparte merecen los ires y venires de los dos últimos secretarios de Estado yanquis, por la analogía entre Blinken y su predecesor Pompeo resulta obligada  una breve comparación.

El primero refinado, formado en la diplomacia, con gran conocimiento de Francia al punto de ser apodado “el afrancesado”, por medios occidentales de prensa y según él mismo cree contribuyó a suavizar la relación con la nación gala dañada por Donald Trump.

El segundo, un matón de la CIA, un cowboy abusador; lo mismo da uno u  otro, ambos esgrimen el mito de la superioridad norteamericana y ambos desmienten la línea divisoria entre republicanos y demócratas, o sea,  nada nuevo bajo el sol en política exterior.