¿Nosotres?

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Por Sara Sariol Sosa | 8 marzo, 2016 |
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Si asumiéramos la propuesta de la bloguera británica Sophia Gubbs,  interesada en hacer del español “una lengua feminista, igualitaria e inclusiva”, tal vez un día empezaríamos a llamarnos nosotres, para referirnos a mujeres y hombres a la vez, y no pecar en el discurso de un lenguaje sexista.

Gubbs, toma en cuenta que por lo general las palabras masculinas terminan en o, y las femeninas en a, y sugiera el empleo de la e, terminación de varias palabras neutras.

Por ahí anda tal pretensión, estimulada acaso por la referencia de movimientos feministas, que abogan por la inclusión de un pronombre imparcial que exprese no solo igualdad de género, sino, también, la no distinción entre los sexos.

De esas cuestiones trata un artículo publicado en Internet por la agencia BBC, el cual menciona como la Academia Sueca incorporará entre nuevos neologismos, a hen, para usarse en lugar de hon (ella) o han (él), mientras en varios idiomas se tiene ya alguna forma del artículo neutro, o se hacen malabares para evitar definir el género.

Nuestro país no escapa a esas intensiones, y desde hace algún tiempo, incorporamos con frecuencia en el discurso el empleo de ellas y ellos, cubanas y cubanos, compañeras y compañeros, niñas y niños…

No voy a detenerme en si lo veo correcto o no, porque, ese sería un juicio personal y en cierta medida a priori.

Pero sí creo, que en cuestiones de equidad, no debiera dársele tanta importancia a la forma sino al contenido.

En Cuba, nadie duda todo lo ganado en esa materia, en el reconocimiento y empoderamiento femenino, el acceso creciente de la mujer al estudio, al trabajo, a cargos de dirección…

También entendemos, cuánto nos falta por conseguir, por ejemplo, para eliminar completamente manifestaciones de machismo en el seno familiar, propósito que atañe por igual a la mujer y al hombre.

Y ¿cómo vamos a lograrlo?, si para no repetir vivencias algunas madres aconsejan a las hijas, irrespetar al compañero, o relacionarse con  quien sea capaz de aportarle, primero, materialmente cuanto necesitan.

Los padres, por su parte, no conciben al varón si no es con más de una novia, en una errónea demostración de hombría.

Lamentablemente, también no pocas mamás se prestan a este último juego, y aún cuando sufren en  carne propia eso que llamamos  doble jornada, no enseñan a hijas e hijos a compartir por igual tareas domésticas.

No es así como ganaremos definitivamente la batalla por la equidad; es preciso asumirla no como confrontación para demostrar poder ganado o perdido, sino como relación armónica con oportunidades, derechos y responsabilidades y valores compartidos por igual en todos los ámbitos de la vida.

Se trata de ir a lo esencial; la forma es algo secundario. Cuando resolvamos lo que nos falta, y sin otra cosa más sustancial, podríamos decidir, conjuntamente, cómo vamos a nombrarnos: ellas y ellos, compañer@s (moda online)  o nosotres, dada la propuesta de la británica.

“Al fin de cuentes –advierte el artículo de marras- le gente es le que tiene le últime palabre“.