Pinceladas sobre cierres y reacomodos

Share Button
Por Luis Morales Blanco | 28 agosto, 2021 |
0

Ante el incremento de contagiados, contactos y fallecidos por la Covid-19, e incluso la aparición de la temida variante Delta, se hizo inevitable el cierre sanitario de áreas específicas y generales.

Cuando pasar cerrojo fue solo posibilidad, muchos indagaban por qué: entonces nuestra región no era de las más comprometidas. Pues llegó el cierre añorado por unos, y temido por otros, precisamente para evitar las complicaciones y preservar no solo la salud, sino la vida misma.

Por eso es tan valioso el respeto que todos debemos a su implementación. Si no se limita el movimiento de las personas, la situación puede empeorar e, incluso, tornarse más delicada cada vez, como ha sucedido en otras zonas del país.

¿Hay quien no lo entienda?… ¡claro! gentes que solo sintonizan Radio Bemba y transitan de música de oído a boca de cencerro, entonces desinforman a su vez a troche y moche.

Es innegable que a algunas personas les afectan los cierres desde el punto de vista económico, pero estos se implementan por el bien supremo de preservar la salud de la mayoría.

Estos “candados” y su prima hermana, la reducción de horarios de bienes y servicios, presuponen un amplio despliegue de personal y logística, pero son inexcusables.

Esos reajustes en etapas previas nos dejan lecciones para no desaprovechar: demandan decisiones que conlleven a elevar la calidad del servicio y procurar satisfacción, como es el caso de muchas panaderías que multiplican su personal en las ventanillas para acelerar las colas.

Cuando se reducen los horarios, muchos individuos “madrugan” y de ese modo adelantan los tiempos de espera, generan aglomeraciones de todas formas, caldo de cultivo para el contagio.

No nos llamemos a engaño: las colas son necesarias para adquirir artículos de primera necesidad, acceder a las tarjetas u operaciones en moneda libremente convertible o para surtir a quienes no pueden hacerlo por su edad o limitaciones.

El dependiente u oficinista debe ponerle todo a su gestión, si no los grupos de personas se generalizan y eso no le hace bien a nadie.

Con signo positivo vemos la venta de comida para llevar, por lo general preparada con tiempo para atender de manera rápida al cliente…

Sería muy jugoso sumar a lo mejor de los transportistas privados a las tareas de acarrear alimentos hasta el Consejo Popular, como han hecho con el apoyo para combatir la Covid-19 o para lo que haga falta. Auguro respuestas efectivas.

Estamos conscientes de las vicisitudes campeadas por la industria para poner la leche en bodegas o puntos de venta, pero desde allí puede bajar la información vía teléfono o por cualquiera otra si ese alimento tan demandado “viene  doble o simple”, algo tan sencillo.

Con signo positivo apreciamos que los días de dieta de leche en polvo si es cambiada para fluida, digamos para diabéticos, se informa de modo previo en la propia unidad mediante humilde cartel y la gente sabe. Esto beneficia a consumidores y tenderos.

Debe ganarse en la difusión por todos los medios comunicativos de los frecuentes cambios de horarios en importantes instituciones, ello evitaría traslados de clientes con un fin deseado, pero poco factible de concretar en determinado día o momento.

Las propias entidades muchas veces mantienen avisos obsoletos; quien no pregunte, puede no enterarse del cambio.

Cuando la Covid “toca” a las familias, desencadena dolor, desolación, la pena por no haber aprovechado las ventajas del autocuidado y de las instituciones de salud golpeadas y agravadas por carencias como bastardas del bloqueo. Nadie lo dude.