Unas líneas para Donald Trump

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Por Osviel Castro Medel | 20 junio, 2017 |
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Poco me importa, Donald, si te tiñes el pelo o si te rascas el cielo de la boca, como dicen por ahí.

Tengo referencias mínimas de ti. La primera vez que escuché tu nombre, recordé al Pato, el de los animados, pero pronto entendí que no posees mucho de gracioso, como aquel.

Sé que odias, empujas, bravuconeas, excluyes, careces de experiencia en la política y aun así, te convertiste en el 45 presidente de la nación etiquetada; esa que se dice salvadora del mundo. Sé que creces en montañas de dinero y disminuyes en diplomacia a cada rato.

Pero ahora te escribo desde un rincón de la que Cuba que harás “libre” algún día para decirte que, por desdicha o fortuna, nos has unido más.

¿Te habrán hablado alguna vez del “une y perderás”? Seguramente no. Tampoco debes saber que cuando se levanta el látigo para conseguir un objetivo contra cualquier ser humano, es más difícil triunfar que cuando surgen gestos de aparente buena voluntad.

No quiero que cambies. Ni pienso hablarte sobre otra libertad, de dimensiones invisibles, desconocidas por la Estatua y el Gran Puente.

Te advierto que en estos días te lloverán palabras, casi todas con el mismo discurso. “No jodas, Trump”, te dirán algunos desde este pedazo de tierra.

Ya se dice en cada calle del país que estás definitivamente loco, que eres repulsivo, que no convences con retóricas de los años dinosaúricos. ¿Y a ti qué?, responderás.

La gente se ríe de ti; pero muchos saben que eres un peligro, de verdad. Y los peligros, te repito, juntan. A veces hasta los confundidos se suman, Donald.

Salúdame a la joven Melania y dile a tus alcahuetes que los corojos se rompieron desde hace mucho en Baraguá y todos los sitios de este caimán, barbudo por historia.