Otra mirada al 26 de julio de 1953 (+fotos, audios y video)

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 16 abril, 2019 |
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FOTO Rafael Martínez Arias

Ever Pérez Concepción, profesor Titular de la Universidad de Oriente ofreció a investigadores presentes en el XXIII Congreso nacional de historia una perspectiva diferente del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953.

Ever Pérez Concepción, panelista en el XXIII Congreso nacional de historia ofrece otra perspectiva del 26 de julio de 1953.

Publicado por Anaisis Hidalgo Rodríguez en Martes, 16 de abril de 2019

“Precisamente hoy, cuando se cumplen 57 años de la proclamación del carácter socialista de la revolución cubana, este testimonio valida la significación del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959”, refirió durante su intervención en el panel “60 años de la Revolución cubana: aproximaciones a un trascendental acontecimiento político.”

Pérez Concepción, al describir aquella jornada de 1953 desde la óptica de un adolescente, narró: “Tenía 12 años aquel 26 de julio de 1953. Para las escuelas era hora de empezar las clases. La pública tenía una sola aula y una única maestra para los seis grados. Al piso y las paredes de madera le faltaban tablas.

“Las dos escuelitas pagas eran en casas que usaban la sala como aulas y los pocos sillones o taburetes como pupitres. También estaba por abrir el kiosco de frutas y vegetales de Cristóbal con el cual completaba sus ingresos de talabartero para mantener a una familia joven y en crecimiento.

Segunda jornada del XXIII Congreso nacional de historia celebrado en Bayamo.FOTO/Rafael Martínez Arias

Publicado por Anaisis Hidalgo Rodríguez en Martes, 16 de abril de 2019

 

“En la carnicería cercana mataban una res los viernes, para entonces la única en el pueblo porque las otras dos permanecían desde hacía tiempo cerradas.

“En el apartadero de la línea del ferrocarril, a solo unos cien metros del centro del pueblo, se apretaban los hombres a descargar las carretas y camiones de plátanos y guineos que durante la noche habían traído campesinos pobres y propietarios acomodados para llenar las casillas de tren que se llevarían a La Habana. Los niños descalzos y andrajosos  revoloteaban por si alguna fruta caía al suelo o por si alguien necesitaba un mandado y así ganarse un realito. Así era sin lugar a dudas.

“Uno de los trabajadores del empresario solía hacer una hilera de niños hambrientos y decirles: ‘A ver, a un quilo (un centavo) la hartá. Pónganse en cola.’

“Los niños abrían los ojos incrédulos y había que decirles que comieran con calma, que alcanzaba el guineo maduro para llenarles la panza a todos.”

“Desde temprano la estación de trenes estaba en plena actividad con gente esperando la llegada de algún familiar y otros el tren en que debían viajar (…) Para el tren de pasajeros estaba esperando siempre un grupo numeroso de personas para acompañar como en una peregrinación hasta el correo, al empelado que recogía la correspondencia para oírle leer en voz alta los nombres que aparecían en los sobres.

“Para los más jóvenes el camino de la estación al correo parecía cosas de fiesta. Una vez en el pequeño local, el golpeteo del telégrafo traía los mensajes. Para muchos de ellos llegar a ser telegrafistas era el colmo de sus aspiraciones.”

“El aserrío con su sirena marcaba el horario de trabajo para sus obreros. Los cronómetros ayudaban a mantener la disciplina horaria durante a la rutina diaria de este rincón de Cuba.

“No estamos seguros del momento preciso en que cerró definitivamente el aserrío dejando a un puñado de hombres sin trabajo. En la memoria quedan las sirenas diarias y los comentarios por la pérdida del empelo. Los troncos de madera seguirían llegando al pueblo durante años pero solo para embarcarlos por ferrocarril a otros destinos.

“Raúl uno de los jóvenes, llegaría temprano como todos los días para traer el pan del desayuno la leche fresca o cualquier otro mandando. Tendría 15 o 16 años. Se le veía más porque cuando no tenía tarea  doméstica se  sentaba en los primeros escalones y se ponía a conversar con amigos o parientes, entre ellos Peter su hermano, quien le atendía el kiosco a Cristóbal, el talabartero y a la vez su cuñado.”

Raúl y Peter, recuerda Pérez Concepción, eran de los más jóvenes de una familia numerosa de la región del Cauto, de origen indígena(…). Vivían en las afueras del pueblo donde las casas eran de yagua y cuje las paredes y de pencas de guano el techo(…).

Sobre los sucesos del 26 de julio narró: “No sería hasta media mañana cuando conocimos en ese rincón de Cuba del ataque al cuartel Moncada aquel 26 de julio de 1953. La noticia nos la dio Raúl a varios amigos en los bajos de la escalera donde dejaba de ser criado por un rato. Lo dijo con dolor y tristeza, como si hubiera muerto alguno de sus tantos hermanos.

“El asalto al cuartel Moncada fue el inicio de una nueva época en Cuba, pero el golpe de estado de Batista apenas un año y cuatro meses antes ya indicaba que el país iría por el camino de la represión. La violencia se adueñó del régimen.

“Fue una lucha a muerte entre la dictadura y el pueblo de Cuba uniendo en diversos grados de compromiso y participación a todas las clases sociales en lucha contra la dictadura.”

Como antesala a esta segunda jornada del XXIII Congreso nacional de historia Rafael Núñez Garriga, funcionario del Partido Comunista de Cuba y Eduardo Torres Cuevas Presidente de la Academia de Historia de Cuba develan en el teatro Bayamo, tarja en recordación del cónclave que sesiona en la Ciudad Monumento del 15 al 18 de abril.

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