Padre, amor y seguridad

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Por Danelia Acosta Brizuela y Sara Sariol Sosa | 9 septiembre, 2015 |
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Tenía siete años. Mi padre debía recogernos a mi hermana y a mí, pues mi madre saldría del trabajo a las 7:0 0 de la noche, y a esa hora ya estaba cerrado el seminternado; pero empezó a beber y olvidó su compromiso. Cuando ella reclamó, se sintió ofendido.

Mi mamá tuvo que ir hasta El Almirante, adonde nos llevó una seño, al ver que nadie fue por nosotros.

Al regresar a casa, él ni siquiera nos dejó subir, tiró nuestras cosas para la calle, hasta el televisor, que rodó escalera abajo, ante el asombro de los vecinos.

Fuimos a vivir con una tía materna, hasta que mi mamá se casó con un hombre que nos ha tenido como sus hijos.

Nunca olvidé aquel espectáculo, más, porque mi papá por mucho tiempo no rectificó su error; solo logramos un acercamiento varios años después por mediación de su siguiente esposa.

Pero, cuando enfermó, y estaba nuevamente divorciado, lo cuidamos hasta que murió.

REFLEXIONES AL PIE DE UNA HISTORIA

El tema de la paternidad responsable debe ocupar un espacio permanente en la familia, no con la intención de disminuir la figura paterna, sino resaltar cuán importante es su presencia activa en los infantes, para que alcancen un adecuado equilibrio emocional. Mas el tratamiento de esa figura no se ha consolidado teóricamente.

Según diversas fuentes bibliográficas, en Cuba, hasta los años 60 del siglo precedente, el valor del padre era omitido o disminuido; durante las dos siguientes décadas comenzó a valorarse, aunque no desde el desarrollo de una paternidad positiva a la par de la maternidad.

El enfoque se constriñó a los efectos nocivos de su ausencia, o a la desatención de su rol histórico como autoridad, apoyo emocional de la madre, representatividad social y sostén económico.

Luego surgieron otros análisis sobre cambios en el modelo familiar, en el replanteo de los papeles del padre y la madre, quienes  comienzan a asumir actividades en función cada vez menos del género, y más de sus características personológicas.

La batalla por la equidad produce tal reforma, y una más activa y empática participación del padre dentro de la familia y en las tareas domésticas, no como ayuda, sino como responsabilidad.

En los últimos años, incluso, se da una particular experiencia en el contexto cubano: dentro de las familias monoparentales emergen no pocas encabezadas por hombres, asociado esto a la viudez, salida de la madre por misiones internacionalistas y otras razones.

¿Quiere decir ello que se alcanzan los límites deseados? No, por supuesto; la respuesta apunta a la representación que cada hombre hace de su rol de padre, y de los sentimientos de pérdida o ganancia que experimenta al exponerse a una situación de equidad con respecto a la mujer.

En el nuevo debate que merece el tema la prioridad no puede recibirla solo el sostén económico, aunque muchos padres incapaces de asumir ese deber, tampoco brindan a los hijos la atención emocional requerida.

Yamilé González Cabrales, presidenta de la Sala civil, administrativa y laboral del Tribunal provincial de Granma, nos informa que varios procesos se suscitan en los Tribunales por la mencionada causa: “En el 2014 se radicaron en la provincia 647 casos, el 31 por ciento del total de asuntos de familia analizados”.

Durante el año solo dos expedientes se vincularon con el reconocimiento de la paternidad. Otras intervenciones se enfocaron hacia la determinación de la guarda y cuidado, y el régimen de comunicación.

En matrimonios disueltos prevalece el padre que desatiende al menor, no lo va a ver, tampoco lo visita ni lo lleva consigo en algún período del año; pero, también, en muchos casos, es la madre quien  impide u obstaculiza la comunicación de aquel con el niño.

No pueden obviarse esas aristas que, según la jurista obedecen, entre otras razones, a la incorrecta planificación familiar, de cuándo y con quién voy a procrear.

La especialista agrega que otros conflictos resueltos no tienen como eje la pensión alimenticia, sino la solicitud de ayuda psicológica y orientación, por eso, el Tribunal se hace acompañar de equipos multidisciplinarios.

“Los jueces tratan de armonizar para que la solución no sea solo el pago, sino acercar más al padre y al hijo, porque, al final, el cariño es lo más significativo”, reflexiona González Cabrales.

PADRE NO ES CUALQUIERA

Se asegura que hijos de padres presentes y activos en su ejercicio presentan mayor tolerancia a eventos estresantes, alta autoestima y confianza en sí mismos, superior capacidad cognitiva y empatía, creencias sexuales menos estereotipadas, e identidades más definidas.

Diferentes investigaciones prueban, igualmente, que quienes crecen sin el padre son más propensos a desórdenes conductuales, agresividad, depresión y embarazos tempranos.

El rol del padre, en definitiva, se revela como  fusión de autoridad, amor y seguridad.

“Mi papá es como mi mamá, cuando tiene que criticarte lo hace, a veces es fuerte, pero por encima de todo te quiere y desea lo mejor”, afirma Dairon Acosta Brizuela.

Para Yaimel Ramos Núñez, de 24 años de edad, su progenitor ha sido un apoyo fundamental en todo, “incluso siempre está pendiente de cómo me va en el trabajo”.

A Yainier Rivero Fonseca le tocó vivir una experiencia diferente: “No crecí con la compañía y guía de mi papá; ahora, de grande, las relaciones han mejorado. Para los hijos es primordial crecer con ambos; no quiero que mi bebé pase por mi situación”.

Armando Ramírez tiene tres hijos, uno del primer matrimonio y dos con el actual. “El primero vive en Matanzas, ya tiene 32 años, y siempre me preocupé por él. Existió y se mantiene un vínculo permanente entre la mamá y yo; ahora en vez de yo ir allá, es él quien viene a verme”.

DESTERRAR PATRONES, ESTIMULAR VIRTUDES

Interesante interpretación del tema propone la periodista y editora Lourdes Pasalodos Díaz, quien en su texto En el nombre del hijo convoca:

“La primera aspiración de las mujeres con espíritu liberador debía ser no reproducir los patrones machistas en la educación de los hijos. Criamos hijos machistas y después luchamos por la equidad y contra la segunda jornada. Esta batalla comienza por y desde nosotras en casa.

“Se trata de mostrarles a los hombres que son victimarios y víctimas del machismo, y se pierden un montón de vivencias gratificantes, entre estas, la atención afectiva de sus hijos.

“Si hoy en Cuba la paternidad no es más responsable  -apunta-, no es solo por la actitud de un buen número de hombres. La política y los medios aún reflejan al padre como al segundón que, además, es el decisor por excelencia en el seno de la familia nuclear.

“Los hombres debían proclamar por sí mismos su emancipación, pues tienen mucho que aprender y numerosos deberes y derechos que ganar”.

Mientras eso sucede, una cosa es inobjetable: un padre no es el que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da amor. Así lo definió un novelista canadiense, mientras el médico y neurólogo austriaco, Sigmund Freud, considerado el padre del psicoanálisis, asegura: “No creo que haya ninguna necesidad más grande en la niñez, que la de la protección de un padre”.

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