“Mi paleta es otoñal”, Ramón Javier Quesada

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 21 marzo, 2016 |
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FOTO Anaisis Hidalgo Rodríguez
FOTO / Anaisis Hidalgo Rodríguez

Después que Ramón Javier Quesada Mesa lleva a su hijo al círculo infantil, dedica horas a la concepción y pintura de sus cuadros, siempre antecedido por varios sorbos de café para arrancar el día. Entre luces que traspasan los cristales de su estudio, cita en calle Zenea, número 502, Bayamo; caballetes, lienzos, bocetos, pinceles y paletas de colores, inicia la magia.

Mientras ese espacio íntimo fluye a su alrededor, afuera, esa otra realidad, se vuelve irrelevante hasta que a las cinco de la tarde el horario de su reloj de pulsera marca la vuelta al tiempo real, que demanda primeramente, la recogida de Diego, su primogénito.

ECLIPSE
Hoy, felizmente Quesada Mesa expuso el resultado de mese de labor y lo dio a conocer a través de su expo personal Paisajes de la emoción, que desde el 12 de marzo y hasta abril, se exhibe en el Centro de desarrollo de las artes visuales, de Bayamo, Granma.

En un futuro, esta exposición circulará posteriormente en el Complejo de galería de 23, en La Habana, con un mayor número de piezas y un trabajo de curaduría más específico.

Paisajes de la emoción emerge de un momento que experimenta todo ser humano y en el que te cuestionas el espacio de tiempo que “alguien” te asignó para vivir, y en cuyo derredor confluyen personas, objetos y fenómenos, a veces abstractos u objetivos.

La misma, esboza a través de un hilo narrativo la existencia del hombre, desde su estadía en las cavernas cuando empieza a usar la naturaleza a su favor y emergen las primeras ansias de conquistas del ser humano, lo cual origina el lienzo, El rapto de las estrellas.

“Seguidamente le suceden una serie de cuadros que aluden a ese ciclo de fenómenos y procesos que ocurren en nuestro transitar por la vida, y cuya contemporaneidad dada mediante imágenes abstractas, despiertan en cada espectador, una interpretación diferente”, refiere Quesada Mesa.

Entre las propuestas, destaca el tríptico Cicatrices, que de manera abstracta alude, según su autor, a esas heridas internas que no llevamos a flor de piel, sino en nuestro interior, y con las cuales crecemos y lidiamos a diario.

Por la gama de colores La gran metrópolis difiere del resto de sus propuestas. Con este cuadro cierra el ciclo narrativo. ¿Su mensaje? Hacer volver nuestras miradas a lo espiritual para equilibrar nuestra existencia.

Dentro de la muestra, Redención es su cuadro preferido, sobre los por qué, acotó: “Primero porque encarno la espiritualidad del hombre a través del contraste de dos grandes planos, uno oscuro y otro más iluminado, que representa la búsqueda de la luz en un mundo de oscuridad; la redención, o sea, salvar el espíritu, algo que todos perseguimos y el estar feliz con uno mismo.

“El mensaje es llamar a cada cual a mirarse por dentro, a buscar y pensar en aquellas cosas que nos hacen feliz y no centrarnos en aquellas que nos perjudican. Es una búsqueda que se une a la parte equilibrada de mi naturaleza y al centrarme en mi existencia, en que tengo una etapa de tiempo en la que me interesa más que nada, lo que puedo transmitir y dejar a las personas, no simplemente la parte material, que sí, es ok, pero el recuerdo es lo que perdura.”

Quienes han seguido la carrera artística de Quesada Mesa desde que se graduara en pintura y dibujo de la Academia de Artes Plásticas de Las Tunas y transitara su obra por el Museo de Bellas Artes de Cuba, así como en instituciones cubanas, de España, Canadá, Estados Unidos y Alemania, por citar algunas, identifican a simple vista la madurez alcanzada por el pintor.

Actualmente, a diferencia de aquellas imágenes mitológicas llevadas a lienzo de forma posmodernista que caracterizaron sus inicios, y se acompañaron además del tratamiento de la figura femenina, su estética, la flora… Quesada Mesa hurga en nuevas inquietudes, cuyo resultado son estos cuadros que hacen del arte una herramienta y un medio para comunicar su pensamiento y cuyas variaciones técnicas permiten que el resultado llegue más rápido al espectador.

A tono con estos postulados, gesta Redención, con colores pasteles, pero a su vez, tonos agresivos que captan nuestra atención.

CREPÚSCULO
“En mis cuadros siempre hay una melancolía en la que confluyen muchas cosas espirituales. Mi paleta es otoñal, y mi personalidad también. Es lo que realmente siento, lo que fluye, lo que mi naturaleza exige para sentirme primero feliz con lo que estoy haciendo, y a la hora de exhibirlo, fuera cual fuere el resultado, primero estar yo feliz con lo que estoy haciendo.

“A raíz de determinado proyecto puedo hacer variaciones técnicas, de colores, pero mi paleta es esa. Así es como veo la vida, de esa forma melancólica, nostálgica, siempre añorando, buscando y queriendo comunicar algo.

“El color de la tierra, la vegetación, son pigmentos con los cuales estamos muy familiarizados desde que nacemos y llaman mucho más la atención. Es una forma de crear ganchos para comunicar mis mensajes. Mis cuadros invitan más que al encuentro, al reencuentro de interpretaciones personales. Eso es lo mejor del arte”, acotó.