Pelea contra un adversario invisible

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Por Osviel Castro Medel | 17 junio, 2021 |
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No habla con petulancia, aunque sí se llena de orgullo sano cuando relata anécdotas vinculadas con personas que agradecieron su entrega. Se nombra Julio César Hernández Godínez, se graduó en 2018 y a sus 27 abriles es residente de tercer año en anestesiología.

Él fue uno de los profesionales del hospital provincial Carlos Manuel de Céspedes que prestaron servicios en la capital cubana en la lucha contra el nuevo coronavirus.

Estuvo específicamente trabajando en el “Julio Trigo”, de Arroyo Naranjo, desde el 10 de febrero hasta el 10 de mayo, y en ese tiempo atesoró varias historias conmovedoras.

Ahora mismo, mientras se toma unas vacaciones para volver al centro asistencial bayamés, habla de su dolor cuando, aun luchando por la vida de las personas, vio fallecer a varias; incluso algunas eran familiares de otros ingresados, quienes no pudieron verlas en esos momentos tan desgarradores.

Tampoco olvida el impacto inicial “al observar una terapia llena de pacientes ventilados” o cuando comprobó que muchos de los  que llegaban necesitaron una rápida intubación. De paso admite que “el manejo de estos casos lleva cuidados especiales”.

En una ocasión, rememora, “nos llegó a la sala un paciente de 32 años que necesitaba cuidados intensivos. No podía ni hablar por la falta de aire tan intensa; de inmediato lo intubé, le dije que no se preocupara, que las cosas iban a ir bien. Luego de tres días, cuando entré de nuevo a la guardia, el joven había mejorado considerablemente y decidimos retirarle la sedación y extubarlo; lo hicimos con éxito y  aquel muchacho no se cansó de darme las gracias y de levantar su dedo pulgar. Fue un suceso muy difícil de borrar”.

Julio subraya que su brigada estaba compuesta por  15 médicos, “entre intensivistas, clínicos y un anestesiólogo, que en este caso era yo”.

Expone que logró retornar victorioso de esta tarea y lo más trascendental  y estremecedor fue que lo recibiera su familia en Bayamo.

Precisamente su  núcleo familiar  lo ha apoyado en cada empresa y lo ha visto empinarse con orgullo, especialmente su hermano, Rolando Hernández Godínez, residente de Medicina Interna en el propio hospital Carlos Manuel de Céspedes. Magda, la orgullosa madre,  enfermera y profesora de la Facultad, ha sabido encauzarlos junto a su actual esposo, José Rodríguez Rodríguez.

“Perdimos a nuestro padre cuando yo estaba en tercer grado.  Nuestra madre fue nuestro sostén y ejemplo a seguir”, comenta emocionado.

Julio, que un día fue ajedrecista de los buenos pero siempre aspiró a ser médico,  sueña con terminar su especialidad por todo lo alto; pero, sobre todas las cosas, desea presenciar el final este adversario invisible. “Un día derrotaremos”, sentencia este profesional virtuoso, comprometido con su tiempo.

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