Pintar un tabaco con las manos (+ video)

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Por Geidis Arias Peña | 2 mayo, 2019 |
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FOTO/ Rafael Martínez Arias

La exactitud de cada movimiento, hilvanado sin tropiezos, no deja pasar sin asombro, más bien, cuesta desprenderse y apartarse sin al menos ver cómo comienza y termina aquella rutina aparentemente tediosa, donde Juan Luis Infante Ortiz descubrió un arte. 

Tiene solo 26 años de edad, un tercio de la esperanza de vida en Cuba, y aunque parece muy joven para lograr el trabajo, alcanza a moldear con rapidez las hojas ocre en la pequeña mesa, donde apuesta por hacer “un tabaco que salga bien, lindo para que quien lo vaya a coger en sus manos no se lleve una mala imagen”.

 

#Tabaco

¿Cómo torcer tabaco? Juan Luis Infante Ortiz, un joven de solo 26 años de edad, lo muestra con cierta destreza!!!! #SomosContinuidad #SomosCuba

Publicada por La Demajagua en Jueves, 2 de mayo de 2019

 

“Lo más difícil de este proceso es el comienzo, porque nunca lo has hecho y se te dificulta”,  dice sincronizando los detalles de su obra, que asemeja a la de un artista plástico porque “es como pintar un tabaco con las manos”.

“Aprendí aquí en Bayamo en un curso que se dio en el 2013-2014. Nunca había tocado ni una hoja, ni un tabaco con mis manos. Luego empecé a trabajar en la fábrica bayamesa Mario Alarcón Martínez”, cuenta con una timidez que lo lleva a ser muy preciso, escaso de palabras.

Allí lo colocó el destino tras sufrir un accidente automovilístico cuando iba a la unidad militar donde era sargento instructor; y el aroma de la planta lo conquistó al extremo de sobre cumplir la norma diaria impuesta en la empresa.

“A veces puedes venir estresado y no puedes ni siquiera cumplir lo estipulado. Cuando los días son buenos, con alegría, sin mortificaciones,  y puedes hacer las cosas feliz y contento,  y logras hacer 150 tabacos, 10 más por encima de lo estipulado”, puntualiza sin soltar su faena.

Confiesa que es fundamental el ejercicio de las muñecas, que de vez en cuando sientes un dolorcito en los hombros, pero pasa, terminas acostumbrándote. “Es algo bello. A mí me gusta mucho”.

A pesar de estar todo el tiempo tentado por el olor de un Moya,  no se ha llevado nunca un tabaco a la boca, prefiere exportarlo, comenta entre una sonrisa tan disimulada que apenas se vislumbra la jocosidad.

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