“Por amor entregaría la vida entera a la música”, Wil Campa

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Por Anaisis Hidalgo Rodríguez | 8 agosto, 2015 |
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Wil Campa
FOTO Lino Valerino

Si usted juzga la personalidad de Wil Campa por las controversiales letras de las canciones que interpreta, lo más probable es que cometa un craso error, porque el músico de temas tan candentes y alocados como La bambina, nada tiene que ver con la personalidad del hombre atento y casero que es. En compensación, bueno, digamos que sí existe pasión, una irremediable, hacer música.

Wil Campa confiesa estar atado a esta tierra, a su Pinar del Río querido, a su país, por eso aunque en múltiples ocasiones uno perciba ciertos aromas extranjeros, su esencia, es cubana.

-¿Cuándo te quedó claro que querías cantar?

En mi familia no hay una historia musical. Existió un tío que le gustaba cantar pero no ejerció tanto profesionalmente.

Cuando yo era muy niño siempre me gustó la percusión. Inventé instrumentos por mis medios, de tubos de zinc para quemar tabaco, que preparaba con nailon y alambre, para hacer mis tambores. Después creé un grupito sin condiciones de ningún tipo. Eso fue en el cabo de san Antonio, en las Martinas, municipio Sandino, en Pinar del río.

Tocábamos en la fiesta de los CDR, en la Terminal de ómnibus. Yo mismo hacía mis claves, las maracas, una guitarra con pompitas de pescar, cuerda… Así empecé. Me tildaban de loco, inquieto, de travieso y bullicioso.

Aquellas motivaciones no quedaron tachadas sobre el pupitre. Siguieron su curso y crecieron a medida que crecía su estatura física, espiritual y profesional.

Cuando finalicé el servicio militar activo, retorné a mi municipio Sandino. Allí había un grupo de Pinar del río muy famoso en aquella época, con músicos de primer nivel, la orquesta Cumbre. Ahí empecé mi vida profesional. Después me gradué de canto popular en la Escuela de Superación Raúl Sánchez.

Aunque recibió muchas propuestas para formar parte de agrupaciones como la de Paulo FG y Yumirí, Campa tenía claro lo que deseaba: cantar. Por eso cuando Orlando Valle le habla de integrase a su agrupación, Maracas como cantante, asió la oportunidad por los pelos y no la soltó hasta que creó a;os después, WiL Campa y la Gran Unión, que califica como una familia.

La nómina y experiencia adquirida en Maracas, sin embargo, le valió una nominación a los Premios Grammy en 2002, por la contribución en el CD Tremenda rumba.

“Estuve muy contento del paso por Maracas. Trabajé las mejores orquestas de Cuba y compartí en más de 38 países, en festivales de jazz y música latina de buena parte del mundo.”

-¿Qué experiencia has adquirido en estos eventos?

Es importante el paso de cualquier artista por una de las agrupaciones más importantes de aquella época, como lo es el grupo de Orlando Valle. Tenía mucha pegada internacional. Uno se desdoblaba. Hacía jazz, cumbia, son, merengue, de todos los estilos de la música caribeña y te capacitaba para trabajar con diferentes auditorios.

Aprendes a levantar a un público francés que no conoce tu idioma, a llegarle a este, que no es el mismo modo de llegarle al mexicano.

-¿Cómo lo logras?

-Mucha gente me ha dicho: ‘Tienes un ángel que viene contigo. Es un don que tú tienes.’

Anoche mismo estuve trabajando en la gala de inauguración del carnaval (de Bayamo), y cuando terminé muchísima gente me comentó, ‘Oye, lo que haces es increíble. Dijiste mano arriba y un pueblo entero contigo levantó las manos.

No sé cuántas personas estaban tarareando mis canciones, levantando las manos, ¡parabrisa, limpia parabrisa! De verdad que no me lo voy a tomar en serio, pero tiene que existir algo. Convenzo muy fácil al público.

-Del repertorio nacional, ¿quiénes constituyeron tus referentes?

Yo nací con el Benny, escuchando a Miguelito Cuní (sonero), Roberto Faz (percusionista y cantante), a la Aragón (orquesta popular cubana de charanga, fundada en Cienfuegos), pero mi referencia principal, es Benn Moré y Miguelito Cuní.

De estos tiempos me encanta mucho la manera de cantar de Sixto Llorente, de la orquesta Aliamén (de Santa Clara), y de Manolito Simonet. De la salsa internacional, soy un fanático de Luis Enrique, el nicaragüense.

-¿Cómo te defines, emperador de la timba o sonero?

Soy cantante, soy cubano, pero me identifico como sonero. Me gusta mucho el son. La timba no es más que el son pero matizada de efectos, fusiones y percusión, pero todo viene de la raíz del son, igual que la salsa, que no es nada más que son, pero como me dijera Cándido Fabré en una entrevista que me concedió : ‘somos del Caribe.’

Los caribeños han tomado nuestro ritmo y yo tomo los ritmos del Caribe y también hago mi fusión. Por eso hago estos temas de La bambina, Rumba buena, Que me quiten lo bailao, con fusiones caribeñas, porque soy del caribe aunque soy sonero.

-¿Qué podrías comentarnos sobre el impacto de La bambina?

La bambina es la bilirrubina de Juan Luis Guerra. Llegó pá quedarse. Es de punta a punta. He llegado a lugares, aquí en Bueycito, San Pablo de Yao, y otras comunidades intrincadas no solo de Granma, también de Pinar del Río, Matanzas, lugares distantes, y nada más que digo ¡Una bambina…!

Es repetible. La gente la conoce. Fue un tema que se disparó como también lo hizo Que me quiten lo bailao, Rumba buena. Le doy gracias a estos compositores yo confío mucho en ellos, y ellos en mí.

-¿Cómo caracterizarías tu estilo?

Conmigo no hay aquello. Yo sí canto lo mismo rumba, salsa, bachata. Mi estilo es cubano, queriendo hacer todo tipo de música, incluso jazz. Cuento con una nómina de músicos estelarísimos, graduados de la Escuela Nacional de Arte. Hacemos de todo, guaguancó, merengue, cumbia, bachata.

Asistimos desde hace ocho años consecutivos a un festival de Jazz de Canadá donde acude la crema y nata del género, y es fabuloso ver cómo mis músicos provocan y se desdoblan, pero haciéndolo bien.

-Llevas 28 años de carrera artística, y ahora es que el público cubano te reconoce, se identifica con tus temas. ¿A qué se debe esto?

La primera orquesta en que estuve era de Pinar del Río, y el fatalismo geográfico nos enredó. La orquesta se dedicó mucho a hacer sus viajes internacionales pero no a promover la música ni a hacer televisión.
Los músicos estaban para hacer música y dinero. Eso fue algo que me chocó.

La orquesta de Orlando Valle vivía en el extranjero. Llegábamos hoy al aeropuerto, dejábamos la maleta a la familia y tomábamos un vuelo para otro país. Nunca hubo una intención marcada por hacer promoción en Cuba. Existieron temas que caminaron un poquito, pero nunca se dedicó a hacer un grupo bailable.

En casi ocho años que llevo en la orquesta La nueva Unión, estuvimos cuatro enclavados en Pinar del Río. Éramos, cómo decir el Fabré de occidente. Nos comíamos todo allá. Todas las actividades eran nuestras. Hace cuatro años estamos en La Habana y las cosas han cambiado. Las personas han visto los video clip de Wil Campa, los temas sonando, pegaditos en la televisión, la radio.

-¿Cómo defines tu personalidad?

Soy extremadamente casero, me gusta estar arreglando constantemente el jardín, pintando mi casita para que me quede bonita. Me gusta dormir hasta que yo quiera. No me gusta que me levanten porque tengo algo. Dormir hasta que yo quiera.

No me gusta cocinar. No tomo bebidas alcohólicas. En mi vida me he dado un trago de cerveza, ni vino, ni de sangría, no sé el sabor que tiene el ron, Nunca. No fumo, no bebo café. Soy muy dulcero, me gusta mucho el dulce casero, ese de casquito de guayaba que me hace mi mamá, cosas así.

Me gustan todos los programas musicales, no veo novelas ni películas, leo artículos de farándula y me acuesto a dormir con las gallinas. Soy muy casero. No salgo a discoteca, a teatros. Es dentro de mi casa creando, buscando la manera de que los temas le lleguen mejor al público.

-Si tuvieras que salvar un valor ¿cuál sería?

El buen gusto. Que la gente consuma las cosas bien hechas, es importante salvar el cuido de la humanidad, la buena comunicación.
Ahora venía en un bici taxi y lo que estaba escuchando era terrible y penoso. Que el mal gustoso no se apodere de nuestra Cuba.

-Por amor, ¿qué harías?

Seguir siendo un buen cubano, mejor ser humano, entender un poco más a las personas que a veces me cuesta trabajo llegar a ellas, pues a veces creo que hay un monstruo ahí, y no es tal cosa. Rectificarme eso.
“Por amor, me entregaría la vida entera a la música. Por amor hago lo que hago, vivo y adoro a mi país, a mi tierra.”

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