Profecía

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Por Osviel Castro Medel | 18 diciembre, 2018 |
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FOTO/Rafael Marrtínez Arias

Aquella noche nació, en un pequeño cañaveral de Cuba, una profecía estremecedora, que aún lleva hoy la nación en sus venas.

Después de haber vencido el feroz cerco enemigo desde Alegría de Pío; después de haber desandado durante 13 días montes, cañaverales y peñascos -no solo geográficos-, dos hermanos se abrazaron con el júbilo que sobrepasa el imán de la sangre.

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Habían vencido los aviones que le vomitaban metralla; habían triunfado ante el hambre y la sed que los atenazó desde el accidentado desembarco; le habían ganado a la amargura por la dispersión de la tropa que originó el asesinato de varios de aquellos 82 soñadores valerosos.

Esa noche del 18 diciembre, en el sembrado de cañas dentro del que crecieron agrupadas, como los dedos de las manos, cinco simbólicas palmas,  apenas se juntaron ocho hombres y siete fusiles para seguir camino a la montaña liberadora, madre de épicas batallas.

Esa noche de 1956, en Cinco Palmas, en la finca de nombre hermoso: El Salvador, la luna se asomó distinta, con otra luz y otra espesura,  porque fue testigo del reencuentro emocionante; porque vio al Líder decir, con los ojos convertidos en Sol, rodeado de su de su hermano y de un puñado de compañeros, aquel vaticinio estremecedor que se cumplió temprano: ¡Ahora sí ganamos la guerra!

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