Protagonistas de una batalla crucial

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Por Yelandi Milanés Guardia | 24 marzo, 2016 |
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Cuito Cuanavale, CubaLos recuerdos se tornan nítidos en la mente de Ismael Naranjo Valle y Luis Montero Peña. A pesar de la distancia en el tiempo, las remembranzas de la batalla de Cuito Cuanavale perviven en sus memorias, porque no pueden relegar al olvido el momento más tenso y heroico de sus vidas.

Ismael, otrora chofer de ambulancia de un puesto médico de la caravana Antonio Maceo, comenzó desde finales de septiembre -junto a otros caravanistas- a participar en la importante encomienda de trasladar todas las fuerzas y medios combativos, procedentes de Benguela, hacia el estratégico enclave de Cuito Cuanavale.

Sin conocer los objetivos esenciales de aquella misión sabía que iba camino hacia un crucial enfrentamiento con las tropas sudafricanas y de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), facciones armadas que procuraban arrebatar el poder al Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA) y exterminar la resistencia ofrecida -desde ese territorio- por la SWAPO, enfrascada en expulsar a los sudafricanos del actual territorio de Namibia.

“En Cuito Cuanavale  – expresa Naranjo Valle-  estaban acantonadas las Fuerzas Armadas para la Liberación de Angola (FAPLA), las cuales sufrían un ininterrumpido asedio del enemigo, de ahí que el gobierno angolano pidiera refuerzos y ayuda a las tropas cubanas enroladas en la contienda.

“Los sudafricanos y la UNITA sabían que nosotros nos movíamos hacia allá, por ello no se cansaron de tumbarnos puentes, minarnos el camino y hacernos emboscadas. Su intención era impedir la llegada de refuerzos, pero era nuestra misión y estabamos muy comprometidos con su cumplimiento. La tarea era compleja, porque sin apoyo de la aviación ni de otras fuerzas debíamos llegar hasta allí”.

Por su parte, Montero Peña recuerda las experiencias en esa tierra africana como ingeniero de aviación, condición que lo convirtió en jefe de una escuadrillla de MIG-23 basificada en Menongue.

“Era el escuadrón más al sur -rememora- y logramos una posición muy estratégica cuando nos emplazamos en Cuito.

“Desde nuestra base brindábamos cobertura aérea a las tropas y cumplíamos diferentes misiones combativas. Pero por el deterioro causado a la pista de aterrizaje en Cuito, como consecuencia de los ataques de la aviación sudafricana, retornamos a Menongue.

“Los pilotos desempeñaron un papel importante -evoca Montero Peña-, desde los más jóvenes hasta los más experimentados todos derrochaban un valor impresionante. Hostigamos sin descanso y logramos debilitar a los sudafricanos y a la UNITA.

“Al principio las incursiones, la exploración y los bombardeos de la aviación enemiga eran constantes, pero con disposición y arrojo nos hicimos dueños del aire.

“Tanto técnicos como pilotos nos esforzamos por cumplir todas las misiones dadas por el alto mando militar cubano. Imagínate si nos sacrificábamos, que el intervuelo de 45 minutos lo redujimos a menos de 20 en esa batalla.

“Fue una lucha ardua, y un trabajo mancomunado entre las tropas terrestres y nosotros. A tal punto logramos diezmar y abatir a los adversarios que estuvieron obligados a sentarse en la mesa de negociaciones, pues la victoria en Cuito Cuanavale fue el tiro de gracia a las huestes enemigas”.

A pesar de las disímiles distinciones y medallas colgadas en sus pechos, ambos traslucen humildad y nobleza. Estos combatientes de antaño guardan celosamente el recuerdo de esa crucial batalla, en la que a pesar de la heroicidad de las tropas cubanas, modestamente afirman: “Fue una simple contribución con los hermanos angolanos, una muestra incondicional de internacionalismo y solidaridad”.

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