Protesta de Baraguá: episodio de pujanza e intransigencia revolucionaria

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Por Gislania Tamayo Cedeño | 15 marzo, 2016 |
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protesta-de-baraguaEra el 15 de marzo de 1878. En Mangos de Baraguá, Oriente, dos temperamentos se enfrentan. Representan ideas antagónicas. De un lado, el general español Arsenio Martínez Campos acompañado por su tropa, en representación del decadente imperio ibérico. Del otro, el general Antonio Maceo Grajales y su Estado Mayor, viva expresión de los intereses del pueblo cubano.

Recordamos este año el 138 aniversario de un acto de dignidad e intransigencia, que se propagó como el principal símbolo de rebeldía de la Guerra de los Diez años, al no aceptar la paz sin independencia, ni la postura capituladora suscrita en el Pacto del Zanjón.

Esta protesta  puso de manifiesto la posición de principios legada por el lugarteniente General Antonio Maceo, importante figura política del Ejército Libertador y reflejo de la inquebrantable combatividad de los cubanos.

Los cubanos, en la parte oriental de la Isla, llevan en sí la intransigencia, hidalguía, arrojo y la firme convicción de no aceptar el cese de las acciones bélicas sin alcanzar su plena independencia y soberanía.

En la obra Antonio Maceo, Apuntes para una historia de su vida, José Luciano Franco, narra el hecho: “Parece mentira, dice Martínez Campos, que habiéndonos codeado tanto en esta campaña, sobre todo en 1871 y 1872, no nos conociéramos, y debo significar que me enorgullezco de haber conocido personalmente a uno de los combatientes más afamados”.

Luego de una pausa cautelosa agrega: “Basta de sacrificios y de sangre; bastante han hecho ustedes asombrando al mundo con su tenacidad y decisión, aferrados a su idea; ha llegado el momento de que nuestras diferencias tengan su término, y que al unísonos, cubanos y españoles, propendamos a levantar este país de la postración en que 10 años de cruda guerra lo ha sumido. Ha llegado el momento de que Cuba, viniendo a la vida activa de los pueblos cultos, entre en el goce de todos sus derechos y, unida a España, marche por la senda del progreso y la civilización.

Martínez Campos se interrumpe a sí mismo para pedir al general Polavieja, jefe de su Estado Mayor, que leyera las bases del Pacto del Zanjón, suscrito por los jefes revolucionarios de Las Villas y Camagüey.

Maceo, que hasta entonces se había mantenido impasible, hace un leve gesto indicativo de que no es su deseo ni el de sus acompañantes escuchar lo que decían esos documentos, y advierte que ellos no estaban dispuestos a aceptar el Pacto del Zanjón,  que tienen esperanza de que el pueblo cubano encuentre al fin el sendero de la paz y la felicidad, pero  eso sería imposible sin la libertad.

Y a continuación agrega que las promesas de reformas expuestas por Martínez Campos deben ir precedidas de la inmediata abolición de la esclavitud (…).

Dirigiéndose a Maceo, el general Martínez Campos, visiblemente contrariado, pregunta:

-¿Es decir, que no nos entendemos?-¡No, no nos entendemos!

-Entonces, ¿volverán a romperse las hostilidades?

-¡Volverán a romperse las hostilidades!,  enfatizó Maceo.

A la pregunta de Martínez Campos sobre el tiempo que necesitarían los jefes revolucionarios para  regresar a sus puntos de origen y romper nuevamente las hostilidades, Maceo respondió de forma enfática:

– Por mi parte no tengo inconveniente en que se rompan hoy mismo.

Luego de algunas explicaciones aceptó Martínez Campos un plazo de ocho días para reanudar la guerra. Para dar por terminada la entrevista, dijo Maceo: -¡El 23 se rompen las hostilidades!

Irritado el general Martínez Campos montó en su caballo y abandonó a la carrera el campamento revolucionario.

Aquel memorable día en Mangos de Baraguá, Maceo puso en alto la dignidad de los cubanos. Era imposible dejar mancillada la memoria y la sangre de cuantos habían combatido.

El Titán de Bronce impregnó en los hijos de esta tierra la convicción que hoy perdura en las nuevas generaciones, de morir antes de ser esclavos.

Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro dijo en una oportunidad …¨Maceo salió incólume de la larga pelea, sin rendirse, ni capitular. Salvó la gloria, la idea y la bandera de la nación”.

La Protesta de Baraguá ha inspirado a la nación cubana de hoy a aprobar el conocido Juramento de Baraguá  firmado el 19 de febrero del 2000, donde ratifica su determinación de resistir, luchar y vencer al criminal bloqueo económico, comercial y financiero que ha impuesto a nuestro pueblo los Estados Unidos de Norteamérica.

Baraguá continuará presente como fuerte inspiración en cada acción del pueblo cubano que se levanta para todos los tiempos.

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