Puertas que se abrieron sin balas

Share Button
Por Osviel Castro Medel | 15 diciembre, 2017 |
0

No hicieron falta balas en Río Cauto, al menos ese día de 1958. Los miembros del Ejército de Fulgencio Batista estaban en un desierto de desesperación en aquel cuartel de oprobios.
Carecían de agua y alimentos y estaban rodeados por los revolucionarios alzados, quienes ya habían ocupado Cauto del Paso, Las Mil Nueve, Cauto Embarcadero… Guamo.

Capitaneados por Gerardo Hernández Silva (Machado), los insurgentes tirotearon el día 13 de diciembre cerca de la fortificación,  apagaron  algunas luces del alumbrado público y ejercitaron tácticas engañosas,  como la de hacer saber al enemigo que contaban con numerosos efectivos.

En ese estado de zozobra, atemorizados, los “casquitos” se vieron forzados a abandonar el pueblo el día 15 de diciembre, con rumbo a La Sal y luego a Veguita, tal como explicó a este rotativo, hace dos años, el historiador de Río Cauto, Salvador Cedeño.

Ese fue el “último bastión de la dictadura en toda esa zona del noroeste de la actual provincia de Granma”, escribió al respecto el periodista Yelandi Milanés Guardia. Con esa liberación seguían abriéndose las puertas de Oriente y ya era cuestión de días el logro de la definitiva independencia.

NO MÁS GRILLETES

Tampoco en el antiguo cuartel de Estrada Palma –hoy cabecera municipal de Bartolomé Masó- hicieron falta proyectiles. Ese territorio vio la luz libertaria el 16 de diciembre de 1958.

Los pocos efectivos de la tiranía que custodiaban el recinto militar estaban desmoralizados después de la victoria de los barbudos en el combate de Cerro Pelado, acontecida el 27 de septiembre de 1958.

No existen muchos documentos sobre estos sucesos, pero bien se conoce que dos meses después del referido enfrentamiento los guerrilleros se acercan a la guarnición porque el Ejército Rebelde lanzaba su ofensiva para ir acorralando a las huestes del régimen.

Según el propio Milanés Guardia, parte de  la soldadesca huyó a Manzanillo el 12 de diciembre.  Tres días después los restantes uniformados ponen pies en polvorosa porque era inminente la llegada de las tropas del capitán insurrecto Luis Crespo.

Así, el 16,  los sindicalistas azucareros, dirigidos por Juan Bautista Salas Abreu, junto a los rebeldes, toman las calles del antiguo Estrada Palma. Las puertas de la emancipación, al igual que en Río Cauto, se abrieron porque ya se olía en el ambiente de la victoria popular frente a una tiranía despótica.

Los gritos de vivas a Fidel y a la Revolución retumbaron en el poblado, el mismo que hoy lleva el nombre del insigne patriota manzanillero Bartolomé Masó.

Desde ese día empezó a escribirse una historia diferente, a tejerse un mapa en el que no caben los cuarteles ni las tinieblas. Una historia de sombras y luces, que merece seguir perfeccionándose en honor a aquellos que liberaron esa tierra y Cuba toda.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *