Recordar a Luis Díaz Oduardo

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Por Luis Carlos Suárez | 30 julio, 2016 |
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Somos cuatro en la mesa. En el centro, dispuesta a escucharnos, una grabadora japonesa de cinta marca Sanyo, entregada al centro para las labores docentes. Ahora, por un tiempo, no seré yo sino el esposo de Nora, la protagonista de la obra de Ibsen, Casa de muñecas.

Nora, la del portazo final, un golpe de puerta que ha estremecido no solo a la dramaturgia universal sino a los amantes de la cultura y que nuestro profesor quiere que se repita en el aula de trece grado donde estudio. Corren los años 70 y estamos en el privado de Literatura, del preuniversitario en el campo 30 de Noviembre, la Veguita 6.

El profesor, y ahora director de esta grabación, nos ha dado las indicaciones y reitera la importancia de la obra. Se trata de que los estudiantes escuchen fragmentos de la pieza teatral “a ver si se embullan y la leen completa”.

Ya habíamos tenido la experiencia con la audición en clase de la zarzuela Cecilia Valdés, interpretada por Alina Sánchez. Y aunque al principio algunos se rieron de los presuntos “chillidos” de la cantante, después fueron ganados por la belleza de la música y las risas se trocaron en un silencio cómplice. Luego la bibliotecaria se apareció en el aula dando brinquitos para anunciar las buenas nuevas: no alcanzaron los ejemplares de Cecilia Valdés.

Algo inédito estaba pasando con las clases de Literatura. El profesor requería de la participación activa, de las opiniones libres aunque parecieran disparatadas. La literatura ya no era más un inventario de autores y descripción de tramas. Había dejado de ser  un reflejo mecánico de la realidad sacudida de forma sistemática por el ser social.

Estábamos aprendiendo a encontrarle un sentido a obras tan lejanas en el tiempo como La Ilíada y La Odisea. Leer no era ya un simple pasatiempo sino una forma de crecimiento espiritual. Cuando ahondábamos en la razón de ser de las creaciones, más nos acercábamos a los problemas de nuestra existencia.

El capitán de esta nave de argonautas, plantada en el verdor de los tomates e iluminada por el oro de las naranjas, era un poeta: Luis Díaz Oduardo, de quien fui su monitor y, mucho más tarde, un amigo que lo admiró.

Fue el primer poeta con obra publicada con el que compartí mis sueños de escritor, el primero que supo de mis dudas, de mis inseguridades a la hora de escribir. Ya en Santiago, cuando era estudiante de Filología, compartimos en encuentros y talleres literarios, aquí  conocí de sus libros Redoble por la muerte de los héroes (1973), Balance del caminante (1977), y Canto mío de amor  (1980), por mencionar solo sus primeros libros.

Luis Díaz Oduardo nació en Jiguaní en 1947 y no solo fue un poeta admirado sino un promotor cultural, un pedagogo, un intelectual entregado a la causa de la cultura cubana.

En nuestras bibliotecas están sus poemarios, regresemos a ellos como quien retorna a la casa de un amigo. Si quieres conocer opiniones acerca de su vida y su obra, encuentra el libro Luis Díaz Oduardo; poeta contra la muerte de Ediciones Santiago, 2001, del compilador y gran poeta León Estrada. Su obra merece ser recordada.

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  1. Estoy muy relacionada con la familia de Luis Días Oduardo, y necesito saber más información sobre este poeta al que considero muy valioso. Aún no he podido encontrar el libro que hizo León Estrada y me urge consultarlo, si saben dónde lo puedo encontrar me lo comunican lo más pronto posible, gracias.

    1. hola soy Luis Rodriguez Diaz, soy el nieto de Luis Diaz, hijo de su hija mas chica, estudio en el ISA de la Habana, Restauracion, tengo muy buena relacion con Leon, si quieres saber mas creo que puedo ayudarte. Se han hecho muchos comentarios acerca de mi abuelo, gracias por colaborar.