Reforma eléctrica, una pelea mexicana contra los demonios

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Por Prensa Latina (PL) | 13 noviembre, 2021 |
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FOTO/ Autor desconocido

México (Prensa Latina) Como en una carrera de relevo, el gobierno y las empresas de España pasaron el batón a Estados Unidos, que encabeza ahora las acciones contra la reforma, en medio de una gran demagogia del presidente Joe Biden sobre nuevas relaciones con México, pero sin ceder en el caso energético.

El liderato de Estados Unidos al respecto, teoricamente, se basa en que los empresarios de ese país desplazaron a los españoles.

Según la revista Forbes, del total de la Inversión Directa Extranjera (IED) en el sector energético, Estados Unidos alcanzó los 10 mil 154 millones de dólares y España bajó a nueve mil 348 millones después de mantenerse en el primer lugar durante años, pero cedió ante Washington hacia el cierre de junio pasado.

La Secretaría de Economía reveló que en ese mes la IED proveniente de Estados Unidos representó um 22 por ciento de la participación total del sector, frente al 20 de España, 19 de Canadá, 11 de Italia y seis de Brasil, los cinco países que concentran el 78 por ciento de la inversión acumulada en el sector energético mexicano.

Eso variará a partir de la reforma, cuando bajará a 46 por ciento porque el estado se quedará con el 54 por ciento.

En estos datos se identifican las tres empresas mayores generadoras de empleos en México, que son: Sempra LNG (Estados Unidos), Iberdrola (España) y Pelican Energy (Canadá).

TERGIVERSACIONES, AMENAZAS y TMEC

Los ataques a la ley de reforma impulsada por el mandatario van dirigidos hacia la tergiversación de sus objetivos mediante una red de mentiras para buscar confundir a las personas, entre las que sobresale la tesis de que el sector no puede desarrollarse ni tecnológica ni financieramente sin la presencia del capital privado.

La idea es hacer creer que el estado jamás podrá controlar los precios de venta por los presuntos altos costos de producción, muy superiores a los privados, lo cual supondrá tarifas altas con una tendencia permanente hacia el alza.

No les avergüenza mostrar lo que sí era una realidad con Iberdrola, Sempra y las demás que monopolizaban el sector hasta ahora.

El gran capital estadounidense -como hasta ahora el español y el canadiense- está de lleno en una ofensiva descomunal contra la iniciativa obradorista.

Tiene como abanderado al actual embajador norteamericano de origen español, Kent Salazar, quien realiza un injerencismo muy activo en ese y otros temas, con declaraciones poco diplomáticas y abiertamente tergiversadoras.

Por ejemplo, recientemente un grupo de congresistas envió una carta al presidente Joe Biden para pedir que presione a López Obrador para detener acciones que excluyen a las inversiones estadunidenses al considerar que que violan las reglas en la materia acordadas en el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Los 40 legisladores expresaron su preocupación en el documento dirigido también a Katherine Tai, representante comercial de Estados Unidos; Gina Raimondo, secretaria de Comercio; Anthony Blinken, secretario del Departamento de Estado, y Jeniffer Granholm, secretaria del Departamento de Energía.

La Cámara de Comercio (American Chamber of Commerce of Mexico, AmCham) atacó duramente a México al afirmar que la reforma tiene el potencial de aumentar los costos energéticos para las cadenas de producción instaladas en el país, incluidas las de Estados Unidos.

Amenazó al gobierno al advertir que, debido a la reestructuración, México perdería la oportunidad de ser una economía pujante y competitiva, para comprometer, además, la prosperidad de la región de América del Norte.

A ese criterio ni siquiera argumentado y menos probado, se adhirió la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) de empresarios privados muy comprometidos con sus vecinos.

Incluso llegaron a asegurar que, de aprobarse el proyecto del gobierno morenista, México multiplicará el riesgo de enfrentar litigios internacionales por reclamos millonarios nunca antes vistos, con demandas de pago hasta 20 veces superiores a la inversión realizada por los empresarios nacionales y extranjeros en los proyectos eléctricos.

Tales argumentos contradicen uno de los principios de la reforma de no suspender contratos existentes, sino simplemente regularlos a fin de eliminar vestigios monopolistas, privilegios e indemnizaciones ilegítimas, pero manteniéndole al sector privado solamente el 46 por ciento de la producción nacional de electricidad, lo cual equivale al valor del ciento por ciento de la energía que produce Argentina.

Pero acostumbrados a dominar el sector y mantener aplastada a la CFE, esas empresas y los gobiernos de Estados Unidos y España no aceptan la iniciativa de López Obrador quien, por su parte, se mantiene muy firme en aplicarla e incluso califica de traición a la patria a quienes se oponen y ejercen todo tipo de freno dentro y fuera del Congreso de la República.

Parodiando el título de un libro del sabio cubano Fernando Ortiz llevado al cine por Tomás Gutiérrez Alea, la reforma eléctrica que López Obrador impulsa y defiende con argumentos inobjetables, es una verdadera pelea mexicana contra los demonios nacionales y extranjeros.

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