Reguetoneando a Cervantes

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Por Luis Carlos Frómeta Agüero | 23 abril, 2020 |
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FOTO/ Autor desconocido

La idea de acelerar el estudio del idioma chino en Cuba me parece genial, aunque sería aconsejable instituir también un postgrado, maestría o doctorado en Ciencias Filológicas, para aprender la jerga actual de los cubanos.

El idioma Español es uno de los más bellos del mundo, (alrededor de 450 millones de personas lo hablan), sin embargo, para reguetonearle a Cervantes, en sus oídos, proliferan por doquier los enfrascados en trastocar esa lengua romance empleando frases vulgares, inadecuadas y marginales: ¿qué bolá, loco?, deja esa talla…

Los cubanos somos dicharacheros y creativos, practicantes de expresiones coloquiales nacidas del ingenio nacional, que sin tantas pretensiones activa la comunicación con nuestros semejantes y deja “bota’o” a cualquier otro hispanohablante que nos escuche:-Oye, ambia, ¿cuál es tu aguaje?, ¡a otro perro con ese hueso!

¿Entendió?

Ciertos estudiosos de la gramática sustentan que tales expresiones se deben a la mezcolanza entre culturas y etnias que tuvo lugar en Cuba desde la época de la colonización española.

Resulta perceptible el desgaste sufrido por académicos, filólogos y lingüistas en su intento por mantener en alto las reglas del buen hablar, durante el difícil arte de la comunicación.

En tal contexto sobran los innovadores, especie humana que le aporta a nuestro idioma su toque distintivo. ¿Le caes mal a otra persona?, enseguida te dicen: ¡Compadre!, es que no-te-rue-da; generalmente nunca dicen “adiós”, sino “voy echando” o te saluda con un italianísimo chao… convertido casi en un cubanismo, al agregarle… y a la vuelta picadillo, aunque no especifique ¿de soya o natural?

Ese tipo de sujeto si te pide cambiar el tema de conversación, sencillamente apunta: “¡Gira, gira, que te veo fijo!”, o, “Socio, ¡sácame el pie!” Ante la ausencia de posibilidades te señala: “Rema, rema, que aquí no pican”.

Cuando algo inesperado sucede y uno no está preparado para afrontarlo te suelta la consabida frase: “Me saqué la rifa del guanajo” y si el jefe anda de mal humor, plantea que el directivo “anda con el moño vira’o”.

Existen también los llamados racionalizadores idiomáticos, que para estar a tono con las nuevas tecnologías de la información, aplican la recurrente frase cubana de hacer más, con menos:

-“T kiero. Qk.” (te quiero Cuca), o “Tunturuntun” para especificar que algo se va, se acabó o desapareció.

Se unen a ese equipo multidisciplinario los letrados matemáticos, esos que combinan hábilmente las letras con los números: “Me109cito”.

¿Y qué me dicen de quienes emplean nombres de animales para referirse a otras personas: oye, tigre…, dime fiera, ruge león, o…son lobos de la misma camada, refiriéndose a una misma clase de persona?

Al final del asunto, la Academia Cubana de la Lengua tendrá que publicar un glosario técnico, léxico, cultural y morfológico para entender el lenguaje cubano de hoy.

Cada 23 de abril celebramos el Día Mundial del Idioma Español, como resultado de una coincidencia histórica que marcó el final de las vidas de tres grandes escritores: Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega.

Ante los desatinos que impone la modernidad, aseguro que esos paradigmas de la palabra y de las letras exclamarían también en verdadero acto de locura:

– ¡Padrino, quítame esa sal de encima!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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